El pasado 17 de septiembre comenzó en Fide el ciclo de sesiones del Club H Encuentros con científicos. La primera sesión estuvo dedicada a los Efectos de la biología en nuestro cerebro y contó con la participación de dos extraordinarios ponentes, los catedráticos y genetistas Eduardo Costas Costas y Victoria López Rodas (UCM).
En la introducción a la sesión, Eduardo Martínez La Fe (moderador) se refirió a la importancia de la ciencia y a su impacto en nuestra vida, así como a la necesidad de alumbrar los criterios e ideas con la cultura científica.
Ahondando en estas ideas, Álvaro Lobato Lavín destacó la importancia del conocimiento científico en general, pero sobre todo en la vida cotidiana de los ciudadanos. Recordó que la tradición cultural occidental dividió el conocimiento entre las ciencias naturales y las humanísticas, creando dos esferas completamente diferenciadas. Finalmente, subrayó que la ciencia es hoy en día un nuevo imperativo categórico, y no un punto de vista que compite con otras perspectivas, y destacó la verdad empírica del método científico.
La pregunta fundamental que plantearon los ponentes es si los humanos tenemos libre albedrío, o, dicho de otra forma, cuánto de lo que pensamos está determinado por nuestros genes. En este contexto, explicaron que la ciencia experimental es la herramienta más poderosa para contestar preguntas, ya que los científicos trabajan desde distintos puntos de vista, de manera interdisciplinar y colaborativa, lo que permite plantear problemas complejos y mejorar las respuestas. Como ejemplos, citaron la secuenciación completa del genoma humano y la creación del primer organismo que vive en un laboratorio.
Recién llegados
También repasaron brevemente la historia de la tierra, en la que los humanos somos, en perspectiva, unos recién llegados, y afirmaron que nuestra evolución biológica es casi inexistente (a diferencia de nuestra evolución cultural o tecnológica, que es muy rápida). Así, los genomas de los cazadores recolectores y los nuestros son idénticos, y rebatieron la idea, errónea, de que somos más inteligentes hoy que hace 300.000 años. En ese sentido, apuntaron que la ciencia no siempre nos da respuestas que nos gustan.
Mencionaron que el cerebro humano tiene 200.000.000.000.000 de conexiones entre neuronas, si bien esta ingente complejidad evolucionó no orientada hacia el conocimiento científico, técnico o humanista, sino dirigida a gestionar numerosas y complejas relaciones sociales en grupos (que requerían respuestas rápidas) y a la adaptación a la vida nómada de recolección y caza.
Fisiología del pensamiento
En relación con lo anterior, citaron a Daniel Kahneman y analizaron la fisiología del pensamiento, que se divide en pensamiento rápido y pensamiento lento. El primero nos permite huir del leopardo (o de un coche hoy en día); tiene un fuerte componente genético, consume menos energía y genera sesgos de conocimiento, sesgos de conducta y ruido; este es el pensamiento que utiliza todo el mundo casi todo el tiempo. Por el contrario, el segundo consume muchísima energía y no genera sesgos ni ruido, pero es muy raro. Esto significa, en resumen, que todos durante la mayor parte del tiempo (y algunos prácticamente siempre) caemos en sesgos cognitivos y sesgos de conducta. Algunos de estos sesgos, fijados genéticamente, son el de pertenencia al grupo, el de maximización de pertenencia, el de aversión a las pérdidas, el de arrastre, el de confirmación y el de la ilusión del control.
¿Libre albedrío?
A modo de conclusión, los ponentes señalaron que estamos determinados en buena parte por nuestra biología evolutiva y nuestra evolución cultural. Por tanto, el concepto de libre albedrío está limitado por nuestra base genética, que produce sesgos conductuales y sesgos cognitivos. De este modo, vivimos y nos adaptamos durante la mayor parte del tiempo gracias a nuestro pensamiento rápido; pero gracias al pensamiento lento, muy infrecuente, nos aproximamos a la realidad objetiva.
Tras la presentación, se abrió una conversación entre todos los asistentes en la que se abordaron cuestiones como la clonación animal y de humanos; el riesgo asociado al sesgo de confirmación en los procesos de decisión judiciales o financieros; la conexión de los científicos con la IA generativa; la inversión en ciencia y la fuga de talento científico; la plasticidad del cerebro; la formación de consensos en la comunidad científica; o la preocupación por la potencial relación de las nuevas tecnologías con el pensamiento rápido.
Resumen realizado por Wanda Cazalla Marcos
Los miembros del Club H pueden disfrutar de esta grabación tanto en vídeo como en audio iniciando sesión con sus credenciales.





