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La plaza

"Ojalá los políticos se encuentren en lugares para compartir"

Llega a la plaza y todo se abre. Todo murmura. Todo aletea. Todo se agita. Pero, al mismo tiempo, todo se detiene. En ese momento es mejor callar el ruido y saber escuchar en el silencio. La foto fija de la plaza informa, comunica, transmite, inspira, plasma. Habla y escucha. Todo el conjunto de personas que completan el paisaje y lo crean al mismo tiempo están viviendo de manera individual, solos o con otros, pero hay un conjunto que sólo se dibuja al unir todo y observar con atención el conjunto.

La plaza como lugar de encuentro y de desencuentro. De llegada y de despedida, pero sabiendo siempre que lo que gana es llegar. Sentarse y observar.

Cuando llego a una plaza siempre siento que se abren ante mis ojos distintas oportunidades y posibilidades para elegir. La plaza vive y tiene vida. Cuando te sientas, en un banco de madera o de piedra, o quizá en una terraza, todo gira alrededor de todos y de uno mismo. Porque cada hombre, mujer, tienen su papel protagonista. También los niños que absorben mirando lo que sucede en la plaza o juegan. Todos tienen algo que hacer y que decir. Mientras escribo pienso en un escenario pero no, la plaza no es un escenario, porque lo que prevalece es lo que cada uno es. Sin disfraces. La plaza conlleva realidad, ser tú mismo.

Son especiales las plazas porticadas con sus soportales. Con sus columnas, con su refugio. También puedes sentarte en el centro, en el suelo libre que encuentras para ti, para pensar y vivir un poco de la existencia regalada por todos los que comparten tiempo en el mismo lugar; ese rato, esas horas. Tú también regalas parte de ti porque también puedes ser observado.

Por todo, la plaza la inserto en mi pensamiento como lugar de encuentro y la enlazo a lo que es y significa un Parlamento. Incluso un hemiciclo es una llegada que contiene en su forma y en su misión una plaza.

En Atenas, la plaza Sintagma, Plaza de la Constitución,  reúne elementos que invocan la cuna de la democracia. Historia y también historias de todas las personas que en algún momento han estado allí. En la parte alta, presiden la plaza el Parlamento y la Tumba del Soldado Desconocido. La Guardia Nacional guarda continuamente la tumba, los evzones van vestidos con sus uniformes de fustanela y zuecos. La plaza está flanqueada por textos de la Oración o discurso fúnebre de Pericles recogido por el historiador Tucídides en el relato de su Historia de la guerra del Peloponeso. Me traslado a la polis ateniense y a su Ágora y pienso que la Política se sucede por el río de la Historia con nosotros, los ciudadanos, como protagonistas de nuestro propio destino. No creo en el destino como tal pero sí en labrar tierra, surcar mares y hacer camino. Y plazas.

La plaza recibe y recrea un espacio en el que confluyen calles. Por eso, creo que los partidos políticos siempre deben caminar y trabajar hacia y por la plaza. Las plazas suelen situarse en el centro de los pueblos y ciudades. Todas son centro porque en ellas desembocan vidas, sueños, senderos. “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar”, nos decía Jorge Manrique en Coplas por la muerte de su padre.

Pero quiero volver a la vida agitada, alborotada, también sigilosa si la miramos bien, que esconden y enseñan las plazas. Al descubrir una, aunque la conozcas siempre hay descubrimiento al alcanzar su espacio, es importante observar y escuchar unos segundos. Es verdad que lo que suele recibirnos es el color, el alboroto, la algarabía, pero, para escuchar y entender de verdad a la plaza, tenemos que abstraernos del ruido y sumergirnos en su silencio.

Hay personas que llegan buscando algo o a alguien. Otras para que las busquen o las encuentren. Todos llegan para encontrarse a sí mismos.

Los políticos también son ciudadanos. A veces se nos olvida, o incluso se les olvida a ellos. Ojalá se encuentren en una plaza, en el centro, con despliegue de calles por las que elegir ir y venir, también salir. Una plaza en la que las venas que le dan vida, vertebren una política constitucional que guarda y crea al mismo tiempo.

Pericles, en su discurso, desplegó un texto fundacional que pervive adaptándose a los tiempos. Una reflexión política viva que da aliento a las posibilidades del hombre y a su capacidad para construir.

Las plazas están construidas para ser vividas y para configurar un lugar para compartir, de llegada y salida entendida como caminos para elegir. Evocan libertad para, en el marco ordenado de nuestra democracia y de nuestro poder constitucional, continuar. España y la Unión Europea necesitan siempre un proyecto valiente para levantar y cuidar una plaza, la UE lo es. El ciudadano está cansado y la política necesita hacerse Política. No podemos desfallecer.

Susana del Río

Experta en Unión Europea

Tribuna publicada originalmente en EL CORREO

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