En el Club H tuvimos la oportunidad de asistir a una sesión fascinante sobre la construcción del icónico Puente de Brooklyn, guiada por los ponentes Armando Ortuño Padilla e Inmaculada de la Haza. La historia de esta monumental obra de ingeniería no solo destacó por sus aspectos técnicos, sino también por las lecciones de superación y persistencia que nos dejó.
Armando Ortuño Padilla nos sumergió en los desafíos titánicos que enfrentaron los ingenieros y trabajadores a finales del siglo XIX. La visión de John Roebling, quien inició el proyecto, se vio truncada por un trágico accidente, dejándolo fuera de la obra. Sin embargo, su hijo, Washington Roebling, asumió el liderazgo a pesar de las adversidades. Sufriendo los efectos debilitantes de la enfermedad de descompresión, Washington continuó supervisando la construcción desde su cama, comunicándose mediante notas y su esposa Emily, quien se convirtió en una pieza clave para el éxito del proyecto.
Inmaculada de la Haza complementó la narración destacando la inteligencia emocional desplegada a lo largo de la construcción del puente. Emily Roebling no solo actuó como intermediaria entre su esposo y los ingenieros, sino que también se capacitó en ingeniería para comprender y explicar los complejos detalles técnicos, demostrando una adaptabilidad y resiliencia ejemplares. Su capacidad para gestionar el estrés y mantener la moral alta en tiempos de crisis es una lección invaluable.
Ambos ponentes subrayaron cómo esta obra maestra de la ingeniería es también un monumento a la fortaleza humana. El Puente de Brooklyn no solo conecta dos partes de Nueva York, sino que también simboliza la conexión entre la perseverancia y la inteligencia emocional. Las enseñanzas de Armando e Inmaculada son relevantes hoy en día, recordándonos que frente a cualquier desafío, la combinación de conocimientos técnicos y habilidades emocionales puede llevarnos a alcanzar grandes logros.





