
El pasado jueves 20 de junio Fide celebró la última sesión del ciclo de sesiones “El Impacto de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en el Sector Legal”. El ciclo estuvo compuesto por cuatro sesiones y una última de cierre centrado en la formación, las capacidades de esta tecnología, la percepción de los clientes y asesorías jurídicas de cara a la máquina y, por último, la recepción de los nuevos actores del sector legal, las firmas no tradicionales, hacia la inteligencia artificial.
Bajo la moderación de Pedro del Rosal, Director de Comunicación y Relaciones Institucionales de Andersen, y Cristina Jiménez Savurido, Presidente de la Fundación Fide y Magistrada en excedencia, el objetivo de la sesión fue hacer balance de todo lo debatido durante las sesiones anteriores y establecer un diálogo e intercambio de opiniones con los asistentes.
La sesión arrancó con una valoración en cuanto a los retos para la formación en universidades, así como en firmas y asesorías jurídicas. A partir de datos provenientes de múltiples encuestas se estudiaron varios aspectos de la IA, destacando el impacto, la transformación en la enseñanza y el grado de conocimiento y utilización de la inteligencia artificial. Gracias a estos datos se pudo apreciar que se prevé un cambio mayor en la formación universitaria que en la profesión del abogado, así como que los abogados vislumbran un impacto mayor de la IA que los estudiantes. Además, surgió la duda de cómo evitar los atajos en la formación teniendo en cuenta el valor formativo de la lectura de jurisprudencia, realización de due diligences y demás tareas que si bien no tienen un gran valor añadido han servido para la formación de los profesionales y ahora pueden ser funciones para la inteligencia artificial.
Se destacó la importancia de que los profesionales juniors aprendan haciendo, pero también se reconoció que las herramientas de IA pueden empoderar a los jóvenes profesionales, permitiéndoles crear borradores y trabajar de manera más eficiente.
Se debatió sobre la necesidad de que los jóvenes abogados estén bien informados y capacitados en el uso de la IA, reconociendo sus limitaciones y evitando o detectando las «alucinaciones» que pueden surgir. La capacidad de validar y comprobar la información proporcionada por la IA fue subrayada como una habilidad crucial.
Hubo un consenso sobre la necesidad de adaptar la formación académica para incluir conocimientos de IA, mientras que se criticó la falta de incentivos en las universidades para cambiar rápidamente debido a su menor exposición al mercado. Además, se discutió la importancia de la formación de los formadores y de los equipos multidisciplinarios en los despachos, donde se valorará tanto el conocimiento jurídico como habilidades en otras áreas como la tecnología y el análisis de datos.
Se concluyó, aunque con alguna discrepancia, que la integración de la IA es inevitable y que aquellos que sepan adaptarse y utilizar estas nuevas herramientas tendrán una ventaja competitiva en el futuro.
Posteriormente se estudió cómo afrontan los despachos los retos de la IAG. Se habló del papel que tiene la inteligencia artificial en los despachos que ya cuentan con alguna herramienta y de aquellos en los que todavía está en fase de estudio. A partir de esto, se trató cómo se verá afectada la profesión y qué habilidades serán necesarias en un futuro despacho de abogados.
Se puso el ejemplo de un área de especialización, como es el de gestión de información y conocimiento, en el que se considera que la labor del profesional no estará tan encaminada a la localización de recursos e información, sino al desarrollo de un espíritu crítico ante la información y a la creación de estructuras del conocimiento.
Se mencionó también que es posible que cambien los sistemas de evaluación de los despachos, apartado en el que se destacó que ya hay despachos que han introducido dentro de sus sistemas de evaluación elementos vinculados con la digitalización.
A continuación, se trajo a colación la relación abogado-cliente y cómo esta puede verse afectada con la irrupción de la inteligencia artificial. Se destacó que, de todas las sesiones del ciclo, esta fue la que trajo más escepticismo, mencionando a su vez que los clientes manifiestan algo más de prudencia que el proveedor de servicios a la hora de utilizar la IA. Se abrió un debate alrededor de este asunto en el que se valoraron posibles modificaciones en el régimen de facturación, la obligatoriedad o no de informar del uso de la IAG a los clientes (se coincidió en que se debía informar) y riesgos éticos que puedan tenerse en cuenta en la prestación de servicios.
Por último, se habló de los nuevos actores en el sector legal y de cómo la IAG puede impulsar modelos alternativos al del despacho tradicional en el mercado de servicios legales, debatiendo acerca de si se incrementará la creación de despachos unipersonales o incluso de si habrá un auge de modelos más apoyados en la tecnología. Además, se reflexionó sobre el cambio en el modelo de negocio de los despachos de abogados y cómo la IA podría impactar en la rentabilidad y estructura de estas organizaciones.





