Introducción
a sesión dedicada a la Influenza Aviar de Alta Patogenicidad (IAAP) en el marco de Ciencia en Sociedad, abordó uno de los desafíos sanitarios más complejos de la actualidad. Desde la perspectiva del enfoque One Health, se analizó cómo un virus tradicionalmente asociado al ámbito veterinario se ha convertido en un fenómeno global que conecta biodiversidad, producción alimentaria, economía, salud pública y estabilidad social.
Grabación de la sesión
Resumen ejecutivo
Elisa Pérez nos introdujo en la sesión, explicando como los virus de influenza A circulan de forma natural en aves silvestres, especialmente acuáticas, donde suelen mantenerse con baja patogenicidad. El problema surge cuando determinados subtipos, como H5 y H7, pasan a explotaciones avícolas intensivas. En esos entornos, la elevada densidad animal favorece mutaciones que pueden transformar virus inicialmente poco agresivos en variantes altamente patógenas.Ante un brote, la medida de control más eficaz sigue siendo el sacrificio inmediato de los animales afectados, con el consiguiente impacto sanitario y económico.
En los últimos años, sin embargo, el escenario ha cambiado de forma significativa. El virus H5N1 ha dejado de estar confinado en granjas y ha demostrado una capacidad inédita de expansión global a través de las rutas migratorias. Desde 2020, la epidemia ha alcanzado prácticamente todos los continentes, con la excepción de Oceanía, y más de 350 millones de aves han muerto o han sido sacrificadas.
Más allá del impacto en la producción avícola, visible en fenómenos como el aumento del precio del huevo, la sesión destacó un aspecto menos visible pero especialmente grave: el impacto en la fauna silvestre. Se han registrado mortalidades masivas en aves marinas, rapaces y especies carroñeras. En América del Sur, por ejemplo, cientos de miles de aves murieron en pocos meses tras la llegada del virus, afectando a poblaciones que nunca antes habían estado expuestas. Esta dimensión ecológica recuerda que la salud de los ecosistemas forma parte inseparable de la salud humana.
El siguiente paso en esta evolución ha sido el salto a mamíferos. Se han detectado infecciones en más de 70 especies, incluidos zorros, osos polares y grandes felinos. Especialmente preocupantes han sido los brotes en mamíferos marinos, con miles de leones y elefantes marinos muertos en la Patagonia y otras regiones. En algunos casos se ha confirmado transmisión entre individuos de la misma especie, lo que sugiere una posible adaptación del virus a nuevos huéspedes.
En Europa también se registró un episodio relevante en una granja de visones en Galicia, donde se documentó transmisión entre animales. Este caso puso de relieve la vulnerabilidad de determinados sistemas de producción intensiva frente a patógenos emergentes.
Un cambio especialmente significativo se produjo cuando el virus fue detectado por primera vez en ganado vacuno lechero en Estados Unidos en 2024. Nunca se había descrito infección en rumiantes. Las vacas afectadas presentaron mastitis y una caída notable de la producción láctea, con una elevada concentración de virus en la leche cruda, lo que facilitó la transmisión entre animales a través de los sistemas de ordeño. Aunque la pasteurización inactiva el virus, la circulación de leche cruda en determinados contextos generó nuevas preocupaciones sanitarias.
Este salto al ganado vacuno acercó aún más el problema al ámbito humano. En Estados Unidos se han confirmado decenas de casos en trabajadores expuestos, generalmente leves y asociados a conjuntivitis tras contacto con leche contaminada, aunque ya se han registrado algunos fallecimientos. Estudios de seroprevalencia sugieren que parte de las infecciones podrían pasar desapercibidas, lo que plantea retos adicionales para la vigilancia epidemiológica.
En este contexto, la intervención de Juan Martínez aportó la perspectiva de la salud humana. Recordó que los virus de la gripe presentan una gran capacidad de mutación y un genoma segmentado que permite el intercambio de fragmentos genéticos cuando coinciden en un mismo hospedador. Estos procesos de recombinación han estado detrás de varias pandemias gripales a lo largo de la historia.
Desde el punto de vista clínico, explicó que la gripe en humanos puede manifestarse en tres grandes escenarios. El más frecuente es la gripe estacional, que provoca epidemias anuales y que, aunque generalmente leve, puede causar complicaciones graves en personas vulnerables. Existe además el riesgo de infecciones ocupacionales en trabajadores expuestos a animales o muestras biológicas. El tercer escenario es la aparición de una pandemia, un fenómeno que históricamente se ha repetido de forma periódica. La pandemia de 1918 constituye el ejemplo más dramático, aunque hoy los sistemas de vigilancia, diagnóstico y respuesta sanitaria permitirían mitigar en gran medida un impacto comparable.
En Europa, la circulación del virus en aves silvestres ha alcanzado niveles muy elevados. Aunque las medidas de bioseguridad han permitido contener relativamente los brotes en explotaciones avícolas, la presión ambiental sigue siendo alta. La detección reciente de anticuerpos en vacas y del virus en un animal en los Países Bajos sugiere que la situación observada en Estados Unidos podría no ser un episodio aislado
Hasta ahora no se ha documentado transmisión sostenida entre humanos, el punto crítico que marcaría la transición hacia una pandemia. El virus ha avanzado en varios pasos de adaptación, desde su expansión global hasta el salto a numerosos mamíferos y su aproximación al entorno humano a través de los mamíferos domésticos, pero aún no ha adquirido la capacidad de transmitirse eficazmente entre personas.
La sesión concluyó subrayando quela IAAP constituye un ejemplo paradigmático de la necesidad de un enfoque One Health. La preparación frente a amenazas emergentes exige integrar vigilancia en fauna silvestre, control sanitario en explotaciones ganaderas, protección laboral, coordinación institucional y cooperación internacional.





