En esta entrega de “Conversaciones Con” Juan Espinosa entrevista a Felipe Conde Crespo, guitarrero, que continúa la tradición familiar, un oficio artesanal lleno de vocación, sensibilidad y técnica. Viajamos al taller de guitarra artesanal de Felipe Conde Crespo, un taller del que han salido varias de las guitarras más importantes de la historia de nuestro país. Expertos en guitarra clásica y guitarra flamenca, llevan más de 100 años al servicio de guitarristas de todo el mundo. En la entrevista, reflexiona sobre su trabajo, sus clientes –principalmente músicos y artistas flamencos–, y sobre la evolución del flamenco en relación con la sociedad actual.
Felipe destaca el valor emocional de su labor, subrayando que cada guitarra que construye lleva implícito un proceso de aprendizaje y mejora. Su objetivo es que cada instrumento supere al anterior, tanto en sonido como en construcción.
Uno de los puntos clave que aborda es la situación actual del flamenco: aunque goza de reconocimiento y aprecio en toda España, el público a menudo no está dispuesto a pagar por espectáculos en vivo, lo cual ha precarizado la vida de muchos artistas, especialmente guitarristas, comparado con generaciones anteriores.
También reflexiona sobre el papel de las redes sociales. Aunque reconoce su utilidad para promocionarse y dar visibilidad a artistas jóvenes, critica que el modelo de consumo rápido de plataformas como TikTok no favorece disciplinas que requieren profundidad, técnica y años de dedicación, como el flamenco. Siente que este sistema premia lo inmediato y superficial.
Al hablar de guitarristas favoritos, menciona como número uno a Paco de Lucía, seguido por artistas de la escuela de Jerez como Moraito y Manuel Parrilla, y también nombres como Jerónimo Maya, Yeray Cortés, Benito Bernal y Mercedes Luján, resaltando también la importancia de apoyar a guitarristas jóvenes.
La entrevista cierra con una reflexión sobre los «cinco sentidos» en la construcción de guitarras. Aunque todos son importantes, Felipe destaca el oído como el más esencial, sin restar importancia a cómo el tacto, el olfato e incluso el gusto se vinculan sensorialmente al proceso creativo y a la experiencia musical.





