De qué hablamos cuando hablamos de productividad

Se discutieron definiciones, problemas en España y el impacto de la inteligencia artificial y el envejecimiento poblacional. La productividad, clave para el bienestar social y crecimiento económico, se analiza desde diferentes perspectivas. Se presentó el Consejo de la Productividad, encargado de mejorar la competitividad y evaluar políticas públicas, destacando la inmigración como solución a desafíos demográficos.

El pasado 9 de abril Fide celebró la sesión “De qué hablamos cuando hablamos de productividad”. La intervención inicial estuvo a cargo de Juan Francisco Jimeno Serrano, Presidente del Consejo de la Productividad de España. Antonia Díaz Rodríguez, Catedrática en la Universidad Complutense de Madrid y Consejera Académica de Fide, moderó la sesión.

Durante la sesión, se abordaron diversos temas relacionados con la productividad, tales como su definición y su importancia, los problemas de productividad que enfrenta la economía española, el rol del Consejo de la Productividad de España, y la influencia de factores como la inteligencia artificial y el envejecimiento de la población en la productividad.

La productividad es un indicador clave que mide cuán eficientemente se utilizan los recursos disponibles para generar mejores resultados para las personas, las empresas, la economía y la sociedad en su conjunto. Entre los recursos se encuentran la población, el conocimiento, la tecnología, las instituciones y la geografía. Los resultados de la productividad se reflejan en indicadores como el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita, que está estrechamente correlacionado con el bienestar social y las horas de ocio.

Una de las confusiones más comunes en torno al concepto de productividad es equipararla con la competitividad. Sin embargo, mientras que la productividad está relacionada con qué se produce y cómo se produce, la competitividad tiene que ver con a qué coste se produce. En este sentido, aunque el discurso empresarial se enfoca habitualmente en la competitividad, es fundamental desde una perspectiva macroeconómica centrarse en la productividad para entender el desarrollo sostenible de una economía.

La productividad puede analizarse desde tres perspectivas principales:

  • A nivel agregado, los determinantes clave incluyen la cantidad y calidad de los factores de producción, el capital humano, el nivel tecnológico del capital físico, la eficiencia en la asignación de recursos, las innovaciones tecnológicas y el capital social, que abarca la calidad institucional y la confianza.
  • A nivel sectorial, influyen factores como el grado de competencia, las barreras de entrada, la calidad de las relaciones laborales y la dinámica empresarial.
  • A nivel empresarial, la productividad depende de factores como el nivel tecnológico, el capital humano específico, la calidad de la gestión, la organización del trabajo, la eficiencia en las cadenas de suministro y los activos intangibles.

La productividad está principalmente relacionada con el uso eficiente del capital y del trabajo. El capital se compone de diversos elementos, como el capital físico, el capital tecnológico, los activos intangibles y el capital social, mientras que el trabajo se evalúa considerando el número de personas ocupadas, las horas efectivamente trabajadas y el nivel de capacitación profesional.

Existen diferentes tipos de productividad: la del capital, la del trabajo y la productividad total de los factores, que refleja la eficiencia global en la combinación de capital y trabajo.

El PIB per cápita es un indicador clave para evaluar el nivel de desarrollo económico y el bienestar de un país, ya que tiene una estrecha y positiva relación con diversas dimensiones del bienestar social. Entre estas se incluyen factores como el desarrollo humano, la esperanza de vida, el nivel educativo, la satisfacción con la vida, el tiempo libre disponible y los recursos destinados a políticas públicas. Si bien el PIB per cápita no lo abarca todo, es uno de los indicadores más importantes para entender la calidad de vida de una sociedad.

El crecimiento sostenido de la productividad es esencial para garantizar el aumento del PIB per cápita y de las horas de ocio. Sin embargo, la proporción de la población en edad de trabajar con respecto a la población total está disminuyendo, lo que limita el crecimiento del PIB per cápita en el futuro.

En cuanto a la evolución de la productividad en España, desde 1890, la productividad por hora trabajada se ha multiplicado por 20, la renta per cápita por 10, y la duración de la jornada laboral se ha reducido a la mitad. Sin embargo, a principios del siglo XXI, la brecha de productividad entre España y otros países se ha ampliado considerablemente. Es importante señalar que no se trata tanto de los aumentos de productividad en un solo año, sino del crecimiento sostenido a largo plazo. Un incremento del 2% anual en la productividad, por ejemplo, podría multiplicar la producción en 35 años.

Pequeñas variaciones en la tasa de crecimiento de la productividad pueden tener un impacto significativo en la economía. Existen varias estrategias para incrementar la productividad, entre ellas:

  • Aumentar el número de trabajadores, lo que se traduce en más horas de trabajo.
  • Mejorar la eficiencia de los trabajadores.
  • Incrementar la cantidad de capital disponible.
  • Mejorar la calidad del capital.
  • Utilizar maquinaria de manera más intensiva.

Durante la sesión, se presentó también el Consejo de la Productividad de España, un órgano independiente encargado de analizar la evolución de la productividad y competitividad en el país, así como sus efectos sobre la distribución económica. Su labor también incluye la evaluación de las políticas públicas relacionadas con estas áreas dentro del contexto de la zona euro y la Unión Europea. El Consejo se crea mediante el Real Decreto 758/2024, en cumplimiento de una Recomendación del Consejo de la Unión Europea, de 20 de septiembre de 2016.

El Consejo tiene la facultad de elaborar y publicar, de manera autónoma, análisis económicos y estadísticos, ya sea por iniciativa propia o a solicitud del Gobierno. Su labor se orienta a estudiar aspectos estructurales clave para la mejora de la productividad a largo plazo, como la innovación, la inversión, la educación, la adaptación tecnológica, así como factores relacionados con los costes y la calidad de los productos y servicios.

Además de sus funciones analíticas, puede emitir valoraciones y recomendaciones sobre políticas económicas destinadas a fortalecer la competitividad y productividad nacional. Su actividad se organiza en reuniones que se celebran, al menos, dos veces al año y cuenta con una estructura compuesta por un presidente, un vicepresidente, catorce vocales y un secretario. Como parte de su compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas, el Consejo publica un informe anual en el que recoge los principales análisis, estudios y propuestas desarrollados a lo largo del ejercicio.

Finalmente, se abordaron dos factores clave que influirán en la productividad futura: la inteligencia artificial (IA) y el envejecimiento de la población. La IA, como tecnología de uso general, tiene el potencial de transformar tanto tareas rutinarias como creativas, lo cual podría beneficiar a todos los trabajadores. Sin embargo, también genera incertidumbre sobre cuántas tareas podrá realizar, si su implementación será rentable y el impacto real en las ganancias de productividad. En cuanto al envejecimiento de la población, puede implicar una disminución en la productividad debido a la menor capacidad física o cognitiva de los trabajadores de mayor edad. Sin embargo, también se observa una posible complementariedad entre trabajadores de distintas edades y nuevas tecnologías. En este contexto, la inmigración emerge como una herramienta que puede atenuar los efectos negativos del envejecimiento, al aportar fuerza laboral joven. Asimismo, la acumulación de capital humano será clave para afrontar con éxito los cambios tecnológicos y demográficos.

La sesión concluyó con un enriquecedor intercambio de opiniones, en el que se puso de relieve la importancia de la inmigración para el sostenimiento del mercado laboral en España, particularmente en aquellos sectores de bajo valor añadido que difícilmente serían atendidos por la población residente. Se destacó que, en el corto plazo, la inmigración contribuye de forma positiva a las cuentas públicas, y que, a largo plazo, siempre que las trayectorias laborales de los inmigrantes se asemejen a las de la población nacional, su impacto tiende a converger. Asimismo, se señalaron los desafíos demográficos que enfrenta el país, como la disminución de la natalidad, un factor que podría poner en riesgo la sostenibilidad del sistema productivo a mediano y largo plazo.

Artículo elaborado por Sara Khalal el Achhab, estudiante del Máster de Acceso a la Abogacía en prácticas en Barrilero & Asociados.

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