Escrito este texto en el tránsito entre el año que se va y el nuevo, sin demasiadas esperanzas de que en el ya presente periodo se mejoran las realidades que nos circundan. Sin embargo, también me pongo a la tarea algo asombrado. Agradecidamente sorprendido. Y esto se lo debo a Cristina y a Fide. Nunca hubiera pensado que iba a escribir acerca de un club cuya finalidad es la integración de las múltiples disciplinas, tradicionalmente denominadas sociales y experimentales, creando un marco de diálogo sustancialmente distinto a otros foros de Fide.
Conozco Fide desde hace años. En esta casa he compartido con otros compañeros la sin duda noble preocupación por la problemática práctica de la profesión jurídica en su rama laboral; he presentado algunos de mis libros y, sobre todo, he charlado y puesto en común pensamientos e inquietudes con personas de alta capacidad y sentido práctico. Pero ya desde el principio Fide apuntaba hacia ámbitos distintos. No digo que más ambiciosos o mejores, pero sí diversos. Para algunos serán más abstractos. Para otros sencillamente aburridos. Pero un mundo donde la conversación universal y, a veces, casi única, versa sobre los vaivenes que sufren los esfuerzos competitivos de grupos de sujetos en torno a un balón en el seno de un césped bien segado, la verdad es que la iniciativa de Fide solo puede calificarse de heroica.
La contemplación de la vida a través de las diferentes visiones que puede aportar una disciplina y su integración con la percepción del otro es un fenómeno escaso. Tendemos a agruparnos en nuestros pequeños silos de conocimiento, despreciando de forma explícita o solapada el no propio. Por ignorancia o por un sentimiento algo cretino de supremacía intelectual. Y eso puede predicarse de los integrantes de todas las disciplinas. El que personas procedentes de distintas ramas de estudio se reúnan y compartan, intenten hacer comprender o transmitir a los demás su conocimientos, el objeto de su estudio y que, al mismo tiempo, estén abiertos a recibir el regalo de las aportaciones de sujetos que proceden de mundos diferentes es algo sencillamente excepcional. Excepcional en dos de sus acepciones, por lo extraño y lo magnífico.
FIDE podía haber optado por continuar por el camino de éxito que ha sido escalando hasta ahora, reuniendo a profesionales en relación a cuestiones propias de su actividad específica, prosiguiendo por un sendero ya bien trillado y que, sin duda, continúa siendo necesario, pero no. FIDE ha optado por invertir sus esfuerzos y recursos, que siempre son limitados, en una actividad que nos recuerda en parte a los mecenas florentinos, conduciéndonos a un mundo desconocido y nuevo al cual nos asomaremos con cierta precaución, tal vez con la inseguridad y miedo que nos produce apartarnos del camino tantas veces recorrido. Primero, siempre en función de la naturaleza de cada uno, con cierta tibieza y, después, espero, sumergiéndonos de pleno en un lago de hipótesis, curiosidad, incertidumbres y certezas.
Espero mucho de esta iniciativa de FIDE. Y toca contestar el motivo de esta esperanza. Desde siempre, me han interesado otros ámbitos de conocimiento diferentes del Derecho. En concreto, la literatura, la historia, la arquitectura y, últimamente, las ciencias relacionadas con la vida no humana de nuestro planeta. Todas ellas han formado y forman parte de esas esferas en las que uno, sin disciplina, con libertad absoluta, se introduce y disfruta, saboreando ese placer que concede el conocimiento sin motivo, sin un fin en si mismo.
Aprender, introducirme en cuestiones y debates que conciernen a materias distintas a las específicamente propias, con la ayuda de especialistas dispuestos a compartir con otros no expertos en su ciencia, soportando sus, mis, disquisiciones no profesionales. Dialogar, desde el respeto, desde la diferencia, en torno a cuestiones que me enriquezcan. Eso es lo que espero del nuevo proyecto de FIDE. Y acudo al mismo con absoluta libertad, con la mente abierta, dispuesto a aportar lo que he podido recolectar a lo largo de mi vida para compartirlo con otras personas conocidas o desconocidas, expectante ante el reto que nos plantea FIDE.
Luis Pérez Capitán
Director de relaciones laborales de Iberia





