
El pasado 12 de enero, tuvo lugar una sesión organizada por la Fundación FIDE que consistió en un análisis sobre el «Almacenamiento y la Flexibilidad en materia de regulación energética» como parte del Foro «Energía y Regulación«. Las intervenciones iniciales estuvieron a cargo de Raúl García Posada, de la Asociación Española de Almacenamiento de Energía (ASEALEN) y Nicolás González Casares, miembro del Parlamento Europea. La moderación fue asumida por Mariano Bacigalupo, profesor titular de la UNED, Consejero de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y Consejero Académico de Fide.
El propósito de esta sesión fue analizar el estado del almacenamiento de energía eléctrica y la flexibilidad de la demanda en España y en Europa como elementos clave de la transición energética. Dicha transición atraviesa actualmente en Europa un momento delicado. El debate se articula en torno a cuestiones como el ritmo de avance de la transición , el aumento de la competitividad industrial europea, o el despliegue de las energías renovables y la electrificación de la demanda frente a la creciente saturación de las redes eléctricas. Este último aspecto plantea importantes desafíos, especialmente en lo relativo a la estabilidad que debe garantizar un sistema energético descarbonizado.
En este contexto, se propone adoptar una perspectiva más ambiciosa sobre la transición energética, que no se limita a la dimensión de la lucha contra el riesgo existencial del cambio climático, entendiéndola también como una oportunidad estratégica que refuerza nuestra competitividad y seguridad. La electrificación conlleva una reducción significativa de la importación de combustibles fósiles, permitiendo redirigir esos recursos dentro de la economía europea y, al mismo tiempo, disminuir el poder geopolítico derivado del control de materiales críticos por parte de países como China.
Esta idea se ve reforzada por el marco legislativo europeo si, por ejemplo, entendemos el Pacto Verde no solo como una senda hacia la descarbonización, sino como el gran proyecto de modernización económica de la Unión. En esta misma línea, tanto la RED III como la reforma del mercado eléctrico europeo promueven la flexibilidad de la demanda, la hibridación de proyectos renovables y subrayan la relevancia del almacenamiento como elemento clave para un sistema energético más eficiente, resiliente y competitivo.
Además, las nuevas propuestas del paquete de redes (Grids package), profundizan en este enfoque, reforzando las condiciones para una integración efectiva de la flexibilidad. Si bien es cierto que existen elementos del mercado que resultan impredecibles, la solidez del marco legislativo, junto con el espíritu de compromiso ciudadano que caracteriza a Europa, genera una estabilidad atractiva para la inversión en nuestra industria y permite pensar en un escenario que vaya más allá, un contexto post-2030.
En lo que respecta a España, no somos productores de energía en términos globales; y el almacenamiento no es generación, ni tampoco demanda. Cuando hablamos de almacenamiento en el caso español, nos referimos a un conjunto diverso de tecnologías actualmente en desarrollo. No obstante, si analizamos la situación con mayor detalle, resultan preocupantes los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero, ya que nos estamos alejando del objetivo final de un sistema energético bajo en carbono. Teniendo en cuenta que el desarrollo del almacenamiento en España es un hecho tanto como la contraria decisión de no inversión en el mismo, cabe señalar que una parte significativa de este alejamiento del objetivo de descarbonización está estrechamente relacionada con los plazos de ejecución de las ayudas, fuertemente impactados por las incertidumbre y dificultades existentes en los procesos de tramitación administrativa, mediomabiental y de acceso y conexión a red, los cuales en muchos casos terminan quedándose demasiado largos debiendo ser revisados.
Una industria que despierta especial interés es la de los centros de datos. A priori, suelen asociarse a un elevado consumo energético. Sin embargo, resulta relevante destacar que sí son capaces de aportar flexibilidad e incluso de adoptar un papel similar al del almacenamiento energético. Prueba de ello es que, durante el día del apagón, los centros de datos continuaron funcionando a pleno rendimiento. Si esta industria, caracterizada por un consumo continuo las 24 horas del día, los siete días de la semana, replantea su papel en estos términos, podría pasar a ser percibida como un sector con un menor impacto en términos de emisiones.
En definitiva, la reforma del mercado eléctrico presenta perspectivas favorables en materia de flexibilidad, a pesar de las dificultades propias de la transición. El almacenamiento energético y la flexibilidad de la demanda no son elementos accesorios, sino pilares imprescindibles para garantizar una transición energética eficaz, estable y competitiva. Tanto en el ámbito europeo como en el español, el reto no reside únicamente en acelerar la descarbonización, sino en hacerlo de forma compatible con la seguridad del sistema, la atracción de inversiones y la fortaleza industrial. En este contexto, un marco regulatorio sólido, unos mecanismos de apoyo bien diseñados y la implicación de sectores intensivos en consumo, como los centros de datos, resultan determinantes para avanzar hacia un sistema energético bajo en carbono que mire más allá de 2030.
Resumen elaborado para Fide por Águeda Sánchez Arduengo.





