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Guerra en la frontera de la Unión Europea

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Ucrania era una pieza débil en el colchón geográfico exterior de Rusia. Antigua república soviética, Ucrania defendía su derecho a decidir ser miembro de OTAN. Y ello ha resultado intolerable para Putin, tras no haber podido evitar la incorporación de las tres repúblicas bálticas a la Alianza

Hoy es el día en que empieza una guerra en la frontera de nuestra Unión Europea. Negociar lo imposible, sin recurrir a la guerra, como pedía hace unos pocos días, no ha sido posible. El adagio de Carl Von Clausewitz de que “la guerra es la política por otros medios”, se ha cumplido.

No hay forma de saber en estos momentos el alcance y las consecuencias de la invasión por Rusia de Ucrania. Ha habido una minusvaloración del sentimiento y prioridades de de Putin en relación con las fronteras occidentales de Rusia. No se ha comprendido la determinación de Rusia frente a la insuficiente disuasión de Occidente.

La guerra aparece como un error de cálculo de Occidente, un fracaso de su inteligencia geopolítica. En los últimos días, tanto EEUU como Reino Unido, con los mejores servicios de información del mundo, avisaban de la inminencia de la invasión. También puede ser que en el tablero del conflicto, Ucrania sea la pieza que Occidente ha aceptado pagar para contener la determinación y el poderío de proximidad de Rusia, en una estrategia de daños calculados inevitables. Después de todo, Ucrania no es un país de la OTAN, aunque sí es un pueblo soberano que ha sido invadido despreciando la legalidad internacional.

La pregunta es si esta invasión será suficiente para Putin. La famosa frase de Winston Churchill a Neville Chamberlain cuando en 1938 no reaccionó a la anexión de Sudetenland por parte de Hitler vuelve a resonar: “You were given the choice between war and dishonor. You chose dishonor, and you will have war.” Habrá que ver de qué forma interpreta Rusia la reacción de Estados Unidos a partir de ahora, ya que las anunciadas sanciones económicas no han hecho mella alguna. Rusia ha pulverizado los acuerdos de Minsk de 2014 y busca ahora un nuevo orden europeo.

Ucrania era una pieza débil en el colchón geográfico exterior de Rusia. Antigua república soviética, Ucrania defendía su derecho a decidir ser miembro de OTAN. Y ello ha resultado intolerable para Putin, tras no haber podido evitar la incorporación de las tres repúblicas bálticas a la Alianza. Rusia tiene el mayor ejército nacional terrestre de Eurasia occidental y por ello una guerra de proximidad y ocupación en los confines occidentales de la Unión Europea la toma especialmente desprevenida, o poco preparada militarmente, dependiente en su totalidad de la disuasión que provee la OTAN.

La OTAN ha sido un paraguas de seguridad militar para Europa que evitó la creación de un ejército europeo integral, de forma que los países tienen ejércitos nacionales que son parte de la OTAN, pero cuyo más alto mando es político noruego Jens Stoltenberg. La coordinación militar al más alto nivel la realizan los Estados Unidos, un país muy distante del suelo donde se está iniciando el conflicto. Hay que recordar que en las dos guerras mundiales del siglo XX Estados Unidos se incorporó a la confrontación cuando estaban bien comenzadas en suelo europeo. Hay que confiar en que la OTAN, una organización posterior a 1945, actúe como disuasión suficiente para defender la integridad de la Unión Europea y de los países OTAN fronterizos con Rusia.

La cultura de defensa nacional es el apoyo social que una población da a sus élites políticas para dotarse de capacidades militares para defender su territorio. Defender no es lo mismo que atacar, y Rusia ahora aleja el conflicto hacia un territorio hoy no ruso (Ucrania), posiblemente con gran apoyo social en Rusia, una sociedad donde sigue existiendo el servicio militar obligatorio, y cuya manifiesta superioridad militar refuerza aún más este apoyo interior. Si las personas se mueven por necesidades, la pirámide de Maslow nos recuerda que las necesidades fisiológicas y de seguridad están en la base de las más importantes. Solamente cuando estas se encuentran cubiertas nuestras las personas se pueden dedicar

El punto de inflexión puede encontrarse en el pulso de combate donde las fuerzas rusas se encuentren con las fuerzas armadas de la OTAN, o incluso sin llegar a ello, allí donde la determinación rusa pueda encontrarse con la misma determinación por parte de la OTAN. Ese podría, ojalá, ser el punto álgido del conflicto y de comienzo de la desescalada sin llegar al enfrentamiento. Pero Putin y Rusia ya habrán conseguido su objetivo: de una parte, la ampliación de un nuevo territorio a la larvada ambición de Rusia para recuperar los antiguos territorios soviéticos; de otra, el envío de un mensaje escrito en rojo de que la ampliación de la OTAN tendrá contestación por parte de Rusia.

Sin embargo, hay otra derivada más preocupante aún, y es que el tandem Putin-Xi Jing Pin haya acordado una acción coordinada donde Rusia se anexiona Ucrania mientras China hace lo propio con Taiwan. Este sería ya un escenario de guerra mundial. De momento, hay que ver la postura de fondo que toma China en la evolución del conflicto. El corte de flujo financiero occidental que supondría el cierre de las transferencias Swift podría ser compensado por la ayuda financiera desde China que ha ido construyendo sistemas propios de transferencias internacionales para independizarse del soft power monetario del dólar estadounidense, que hasta ahora ha venido controlando los flujos monetarios mundiales.

Enrique Titos

Consejero Independiente. Director del Grupo de Trabajo de Fide Dinero Digital y Sistemas de Pago – DDSP. Consejero Académico de Fide

Artículo publicado originalmente en El Alcazar de las Ideas

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