
La integración europea es un motor estratégico de primer orden. Constituye el pilar en el que se asienta el proyecto y proceso europeo. Sin integración, la UE no existiría; con integración, avanza.
La cumbre de la OTAN en Ankara ha vuelto a constatar la necesidad de grandes equilibrios para mantener unidos a los aliados en una etapa marcada por la nueva geopolítica. Marc Rutte ha tenido que hacer de árbitro entre las interpretaciones de Trump y la necesidad de mantener vivos los acuerdos a ambos lados del Atlántico. La UE no puede aislarse pero debe dotarse de capacidad y capacidades propias para que Estados Unidos vea en ella a un aliado real. Y aquí entra Europa, nuestro continente, para vertebrar el nuevo poder geopolítico europeo. El candidato a suceder a Starmer, Andy Burnham, quiere más Europa y más rearme. Esta implicación beneficia a Europa en su conjunto. El nuevo “premier” busca también reindustrializar el Reino Unido. Europa está impulsando su primer escudo antimisiles para neutralizar amenazas más allá de la atmósfera. Hay que poner también el foco en los consorcios industriales en Ucrania ya que aúnan la solidaridad de hecho con respuestas tangibles que proyectan seguridad hacia dentro de Europa y a nivel aliados OTAN.
Para mí lo más relevante de la cumbre de Ankara ha sido la elevación del Artículo 5 del Tratado afirmando la inquebrantable unidad para nuestra seguridad colectiva. La “Constelación atlántica” para la vigilancia marítima y costera es un buen ejemplo. El Foro organizado por Rutte para acelerar la cooperación entre gobiernos, empresas y entidades financieras marca un antes y un después en la manera de forjar consorcios. Un ejemplo es la plataforma digital única para que las empresas estén informadas con antelación de la convocatoria de proyectos y preparadas para planificar sus inversiones.
En la OTAN 3.0 Europa tiene que ser más autónoma para defenderse, protegerse y ser socio aliado fuerte en el tablero. En este escenario de planificación, creación y proyección se está desplegando una gran transformación para hacer posible la integración de la industria de defensa europea. Una integración dentro de la integración.
La Seguridad común europea y colectiva con los aliados posiciona la Defensa en el vértice del triángulo de la geoestrategia. Algunos ejemplos son los nuevos cinco proyectos a gran escala presentados por la Comisión Europea denominados Proyectos Europeos de Defensa de Interés Común, EDPCI, y el acuerdo político provisional alcanzado entre el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo para el programa AGILE enfocado en innovación dotando de 115 millones de euros a la industria de Defensa. Por ello, el nuevo presupuesto europeo, el Marco Financiero Plurianual 2028-2034, debe ser realista con el gran desafío de nuestro tiempo: defendernos y protegernos.
Instituciones, gobiernos, empresas y entidades financieras deben trabajar juntos con una sincronización milimétrica. La UE está entrenada porque, para hacer factible su proceso de integración, siempre ha tenido que sincronizar a todos. Esto es la gobernanza multinivel europea. Esta gobernanza podemos transportarla a las alianzas internacionales intercontinentales.
Considerar la integración europea como un motor estratégico implica entenderla como un instrumento clave para fortalecer la capacidad colectiva de Europa. Su éxito depende de mantener el equilibrio entre la cooperación supranacional y el respeto a la diversidad e intereses de los Estados miembros, garantizando que la integración continúe salvaguardando los valores con beneficios económicos, políticos y sociales para todos los ciudadanos europeos. La integración refuerza la competitividad de Europa e incrementa la capacidad de respuesta conjunta ante los grandes desafíos.
En mi tribuna “Épica europea” escribo sobre el lema de Los tres mosqueteros “Uno para todos y todos para uno”. Este es el eje tractor que necesitamos. Europa necesita dotarse de soberanía en distintos ejes. El Informe de Soberanía Digital en Europa 2026 muestra que el 86% de los españoles pide una tecnología europea propia.
El mundial de fútbol nos muestra como cada equipo se entrena y juega y que, para competir y ser ganadores, la coordinación, la unidad, el trabajo en equipo y el trazo de una estrategia bien pensada y articulada, son los vectores del gran partido geopolítico.
Es clave la unión de países integrada en la Coalición de Voluntarios. Emmanuel Macron ha vuelto a convocarla antes del partido entre España y Francia. Hemos ganado a un Estado miembro de la UE como lo somos nosotros. Su presidente ha escrito bravo España en sus redes el día de la fiesta nacional francesa. Estamos en una semana que da visibilidad a lo importante: participar, entrenarse, modular equipos competentes con talento en todos los sectores y salir al campo de juego con orgullo, respeto, confianza y valentía.

Tribuna por Susana del Río, Directora del Ciclo de Conversaciones UE, Retos para la legislatura europea 2024-2029. Doctora en Ciencias Políticas. Premio extraordinario de doctorado en Ciencias Sociales y Jurídicas, Consejera Académica de Fide
Tribuna publicada originalmente el 18 de julio de 2026 en papel y en digital por EL CORREO y periódicos del Grupo Vocento.





