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La regulación del impacto ambiental de la moda: hacía la deseada circularidad

"El consumo de productos textiles representa actualmente el cuarto mayor impacto negativo sobre el medio ambiente y el cambio climático"

El consumo de productos textiles representa actualmente el cuarto mayor impacto negativo sobre el medio ambiente y el cambio climático, y el tercero más elevado en el uso del agua y del suelo desde la perspectiva del ciclo de vida a escala global.

El fenómeno del fast fashion y la tendencia de usar las prendas de vestir durante cada vez menos tiempo antes de desecharlas han propiciado un modelo insostenible desde el punto de vista del uso de los recursos.

El reto ambiental al que nos enfrentamos para reducir las emisiones e implementar modelos de producción y consumo más circulares, como se ha comprobado en la reciente COP27, ha determinado que el legislador, tanto europeo como nacional, se haya preocupado por este problema medioambiental.

De la preocupación por los impactos negativos en el medio ambiente por los consumos de textiles se está pasando a su regulación. Se han comenzado a regular de manera específica los residuos textiles y se avecinan normas en relación con el ecodiseño de las prendas de vestir. Se necesita realizar la transición hacía una producción y un consumo más sostenibles y circulares.

La Ley de Residuos y Suelos Contaminados para una economía circular, aprobada el pasado abril, es el primer texto legal que se refiere en España a los residuos textiles. Esta ley, que traspone al ordenamiento español la Directiva de Residuos, regula tanto la prevención de la producción de residuos textiles como la gestión de los mismos.

El legislador español, siguiendo la norma europea, pretende el fomento de la reutilización de las prendas textiles. Asimismo, en consonancia con las preocupaciones en esta materia, ha prohibido la destrucción de los excedentes, que deberán destinarse a los canales de reutilización, incluyendo la donación.

También, en cuanto a la gestión de los residuos, ha establecido la obligación, contenida ya en la Directiva, de que el 31 de diciembre de 2024 los residuos textiles se recojan de manera separada. Para esa fecha, además, los productores de productos textiles —concepto que incluye a los fabricantes, vendedores, importadores o a las plataformas de comercio electrónico— deberán constituir sistemas de responsabilidad ampliada del productor. Esto supone que estos agentes económicos serán responsables de las prendas textiles que pongan en el mercado debiendo encargarse de ellos durante todo su ciclo de vida, también cuando sean desechados.

Ahora bien, para reducir el impacto del sector, no solo es necesario que se regule la prevención y la gestión de los residuos textiles, sino que debe también incidirse en el diseño de estos productos para que sean más sostenibles y duraderos. En este sentido, la intención de la Unión Europea es aprobar distintas disposiciones que influirán en toda la cadena de producción.

La Comisión ha elaborado ya una completa hoja de ruta que ha recogido en la Estrategia para la circularidad y sostenibilidad de los productos textiles, aprobada el pasado mes de marzo. El objetivo de la UE es que en 2030 todos los productos textiles que se comercialicen en la Unión Europea sean duraderos y reciclables, así como fabricados en gran medida con fibras recicladas, libres de sustancias peligrosas y producidas respetando los derechos sociales y del medio ambiente. Asimismo, se espera que exista una amplia disponibilidad de servicios de reutilización y reparación rentables. Todo ello garantizando la rentabilidad del sector y la asequibilidad de los textiles.

Se prevé la aprobación de un Reglamento sobre diseño ecológico para productos sostenibles que establecerá para toda la Unión Europea requisitos vinculantes para el diseño ecológico de las prendas de ropa y otros textiles, a fin de aumentar su durabilidad, reparabilidad, reciclabilidad y el uso de materiales reciclados. Para logar reducir el impacto en el clima y en el medio ambiente, y alcanzar la ansiada circularidad en el sector, el diseño juega un papel clave.

A su vez, la Comisión quiere reforzar los mecanismos de transparencia e información a los consumidores para evitar casos de green washing, en los que las marcas se presentan más sostenibles de lo que realmente son. Se pretende reforzar la confianza de los consumidores en las declaraciones ecológicas, introduciendo un pasaporte digital de productos textiles o cambiando la normativa sobre el etiquetado.

Coetáneamente a estas medidas se observa un cambio en los modelos de consumo. Está cobrando cada vez más importancia la sostenibilidad en las decisiones de compra, en especial, entre los ‘millennial‘ y la Generación Z. Las previsiones indican que los mercados de segunda mano de ropa, que contribuyen a la reutilización, duplicarán su volumen en 2026.

Las marcas, empujadas por los cambios regulatorios, la modificación de los patrones de consumo o la implantación de los criterios ESG en las inversiones, están haciendo importantes esfuerzos para fomentar la circularidad y sostenibilidad de sus modelos.

Estamos ante un profundo reto en el que habrá que implantar soluciones sistémicas para lograr en el más breve plazo de tiempo un sector textil climáticamente neutro, eficiente en el uso de la energía y los recursos y que se desarrolle en torno a un modelo circular. No queda mucho tiempo si queremos reducir la huella climática y medioambiental para mitigar el cambio climático y ser más sostenibles.

José Luis Quintana Cortés.

Socio de Rodríguez Castaño Abogados. Abogado especializado en Derecho administrativo, medio ambiente y sectores regulados.

Artículo publicado originalmente en el Blog de Fide en El Confidencial

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