Encerradas las instituciones en un mundo de burbujas sin apenas conexión, siempre percibí en FIDE, y como yo otros muchos que han participado en sus foros, en su vida civil, intensa, simpática y dinámica, un lugar en el que poder hablar de todo, desde cualquier posición, siempre con la ambición de buscar una verdad en la que confluyan diferentes disciplinas y puntos de vista. El mundo, como señala Steiner en una célebre conferencia sobre las humanidades, ha hecho de la enseñanza más alta un lugar donde se practica una corrección política asustada. En ese contexto, otros ámbitos han tomado el relevo y han abierto espacios donde se debaten cuestiones de actualidad urgente, en los que se encuentran los profesionales de la ciencia, los del derecho, la sociología, las disciplinas técnicas o el periodismo, con la visión de las humanidades, hoy cada vez más presentes en el desarrollo de innovación de nuestro tiempo.
Es curioso cómo mientras se reduce al mínimo la enseñanza de los clásicos griegos y romanos, de los padres de la democracia, la filosofía o el teatro, los nuevos desarrollos tecnológicos, la inteligencia artificial o la neurociencia buscan contratar a filósofos y filólogos, conscientes de que hay una reflexión inmortal que nació en Grecia y que no caduca con los avances científicos, más bien al contrario. Recuerdo que en los primeros años en FIDE, gracias al impulso siempre entusiasta y cargado de energía de Cristina Jiménez, armamos un libro con pintura de Montesol y textos y fotografías de quien firma este artículo. Eran entrevistas con profesionales del Derecho y de la Ciencia en las que se reflexionaba sobre la necesidad de adaptar nuestras leyes a los nuevos avances de la técnica. Libro Fide: Pintar la Justicia – Fundacion Fide (thinkfide.com)
Científicos como Pedro Barreno advertían en aquellas páginas de Pintar la Justicia de cómo el concepto jurídico de muerte estaba ya obsoleto por los resultados de una unidad de investigación del Pentágono (ARPA), que había conseguido mantener cuerpos de soldados con heridas incompatibles con la vida, a temperaturas muy bajas, con el objetivo, logrado, de reparar sus órganos y devolverles la vida. Vimos también como los desarrollos en la técnica de los trasplantes o el coche autónomo obligaba, ya en aquel tiempo, a disponer de herramientas jurídicas que establecieran la responsabilidad cuando son las máquinas las que deciden. Fue un trabajo revelador, en el que surgieron necesidades urgentes de adaptar nuestra administración pública, pero también de abrir el diálogo entre el poder legislativo y la sociedad, para romper los monólogos institucionales en los que navegan los parlamentos, el de la nación y los autonómicos, incapaces de tener una mirada de largo plazo que prepare a la sociedad para los grandes cambios que están sucediendo en nuestro entorno.
FIDE ha sido un lugar que ha servido al mundo de la empresa, al de la justicia, a los profesionales, como un punto de encuentro en el que tratar los grandes temas de nuestro tiempo sin la presión demagógica que hierve en la opinión pública, sin la necesidad de pensar en el cortoplacismo del voto, sin la esclavitud de las encuestas, sin el juicio cancelador de la corrección política. Un lugar donde se practica la osadía, y la vida civilizada sin temor. La noticia del impulso en su seno de un Club de Humanidades es una excelente novedad para ampliar la conversación a esas disciplinas y modos de mirar la realidad que en apariencia no sirven para nada, pero, como dijo también Steiner, “son la forma más alta de la actividad humana”. Un club de esa naturaleza es algo que se debe crear sin más tiempo que perder. De esa idea solo podemos esperar un beneficio para nuestra vida social y para todos los profesionales que la disfruten.
Alfredo Urdaci
Periodista





