Análisis del Acuerdo y desacuerdos, UE-Mercosur

Se discutieron oportunidades y desafíos en el contexto de un mundo multipolar y la influencia de factores como el proteccionismo estadounidense y el papel de China en Iberoamérica. Este acuerdo podría equilibrar el crecimiento económico y la distribución de la riqueza, beneficiando principalmente al sector industrial europeo, aunque podría perjudicar el agrícola.

El pasado 25 de febrero, tuvo lugar una sesión organizada por la Fundación FIDE centrada en el “Análisis del Acuerdo, y desacuerdos, UE-Mercosur”. Las intervenciones estuvieron a cargo de Jorge Padilla, EMEA Chair, Compass Lexecon, Patrono y Presidente del Consejo Académico Internacional de FIDE, y Susana Del Río Villar, directora del Ciclo de Conversaciones UE, Retos para la nueva legislatura europea 2024-2029 y Consejera Académica de FIDE.  

El propósito de esta sesión fue analizar la relevancia del acuerdo UE-Mercosur en el contexto actual, abordando tanto sus oportunidades como los desafíos que plantea. En la era de la multipolaridad, la geoestrategia global y el multilateralismo, todo apunta a que nos estamos aproximando a un periodo bilateral en el marco geopolítico y geoestratégico. ¿Qué supone para el panorama internacional la llegada del proteccionismo a la Casa Blanca? ¿Qué influencia tiene China sobre la zona iberoamericana y su mercado de materias primas? La Unión Europea, por su parte, parece estar experimentando su despertar geopolítico, y ante este escenario de grandes desafíos, no solo debe estar presente sino también aportar respuestas tangibles, como el acuerdo UE-Mercosur.  

El principio fundamental de la ciencia económica radica en la eficiencia de la producción, o lo que es lo mismo, en obtener más con menos recursos. Toda dinámica económica implica ganadores y perdedores; en función de qué se priorice, el crecimiento económico o la distribución equitativa del mismo, se estructuran las diferentes doctrinas del pensamiento económico. El comercio internacional no responde a fronteras tradicionales basadas en criterios históricos o culturales, así, se presenta como una herramienta que permite maximizar las ganancias asociadas al intercambio, enfocándose esencialmente en la generación de eficiencias: en el crecimiento económico. No obstante, esta dinámica también genera una distribución desigual de la riqueza, afectando de forma significativa la estructura productiva. En este contexto, el acuerdo UE-Mercosur surge como una oportunidad estratégica para actuar como factor de equilibrio entre el crecimiento económico y la distribución equitativa del mismo. En lo que a la economía europea respecta, uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta es la dificultad para alcanzar economías de escala autosuficientes. En realidad, la economía europea carece de un mercado único interior que, por el contrario, se encuentra profundamente fragmentado. Un acuerdo comercial como Mercosur no solo facilitaría el acceso a recursos a menor coste, sino que también brindaría la oportunidad de potenciar las economías de escalas europeas, fortaleciendo su competitividad en el escenario global.  

Sin embargo, el verdadero dilema reside de nuevo en la propia naturaleza de la dinámica económica y el inevitable desenlace que enfrenta a ganadores y perdedores. Bajo este acuerdo, el sector industrial sería potencialmente el principal beneficiado, postulándose como el más propenso a alcanzar las economías de escala de las que venimos hablando. En contraste, el sector agrícola y ganadero podría quedarse en desventaja frente a la competición con una región abundante en recursos, con costes laborales más bajos y estándares medioambientales distintos, lo que repercutiría directamente en los costes y cuestiones regulatorias. Focalizando el análisis en el caso español, el acuerdo UE-Mercosur supondría mayormente una oportunidad significativa en tanto en cuanto la industria española necesita de manera acusada ganar escala para fortalecer su competitividad. Además, no debe subestimarse el papel del idioma común como facilitador del comercio. Como se mencionaba anteriormente, las fronteras en términos de comercio internacional trascienden lo político. Los intercambios, que en esencia se fundamentan en la confianza, también responden a factores culturales, y el español, idioma común, como catalizador, supone una clara ventaja estratégica en este sentido. 

Estados Unidos, aún gran actor polarizador el comercio mundial, adopta con la nueva administración Trump una actitud proteccionista bajo el argumento de un déficit en la balanza comercial. Ante un consumo interno elevado como el estadounidense, la satisfacción de la demanda se reparte entre producción doméstica y foránea, siendo esta última preferida cuando resulta más rentable. Si a esto se le suma una política monetaria y fiscal expansiva junto con mercados de crédito que facilitan el consumo, resulta en gran medida sencillo explicar esta situación en la balanza por cuenta corriente. De este modo, las tarifas y aranceles proteccionistas no solo no responderían a la preocupación de la administración, sino que podrían hacer a la economía estadounidense menos competitiva, al prescindir de una fuente sólida de materias primas. Además, estas medidas afectarían al valor del dólar como tipo de cambio. Hoy en día, la realidad es que Estados Unidos ya no ejerce el mismo peso en el comercio internacional que tenía hace unos años, y su capacidad para imponer medidas unilaterales se ha visto considerablemente limitada. Así, Estados Unidos sigue siendo un mercado difícil con el que competir, al igual que otras grandes economías como la china. Tiene sentido, por tanto, que la Unión Europea oriente su estrategia hacia Iberoamérica, India o África como alternativas para completar su mercado interior, impulsándose mediante acuerdos comerciales.  

De este modo, se podría concluir que el acuerdo UE-Mercosur se perfila como una oportunidad estratégica para que la Unión Europea y Europa como actor continental redefina sus prioridades económica y avance hacia un modelo más competitivo y menos fragmentado

Resumen elaborado por Águeda Sánchez Arduengo

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