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El Sistema de Pensiones no nos puede fallar: un compromiso de todas las generaciones.

"La solidaridad intergeneracional es casi imposible sin empleo, empleo para todos, especialmente jóvenes y menos jóvenes"
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El acuerdo alcanzado recientemente por los interlocutores sociales se enmarca en las 22 Recomendaciones del Pacto de Toledo aprobadas en pleno el pasado mes de noviembre e igualmente en el objetivo del Componente 30 del Plan de Recuperación Transformación y Resiliencia.

Se han alcanzado acuerdos en lo relativo a separación de fuentes de financiación de la Seguridad Social, mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones y alineamiento de la edad efectiva con la edad ordinaria de jubilación.

Estos acuerdos hay que ponerlos en su contexto adecuado, son parciales, y nos hacen vislumbrar la esperanza de un consenso global sobre pensiones. Haber llegado a este punto indica el cambio en la deriva del pesimismo permanente que ha rodeado el ámbito de las pensiones en los últimos 10 años. Los actuales acuerdos nos han devuelto a la casilla de salida de la ley de pensiones del 2011.

No obstante, no se pueden lanzar las campanas al vuelo, se ha dejado para el próximo curso la asignatura hueso: sustituir el factor de sostenibilidad, que nunca ha llegado a entrar en vigor, por un factor de equidad intergeneracional.

Será la hora de la verdad, de la efectiva solidaridad intergeneracional para no trasladar al futuro las facturas de las jubilaciones de las cohortes comprendidas entre 1957 y 1977, los llamados baby boomers. En la mesa de negociación del nuevo curso tendrá que estar presente un enfoque estructural a largo plazo, en el que primen los intereses generales y, especialmente, los de las generaciones futuras.

Merece destacar, aunque haya pasado desapercibido, que se ha mencionado la edad de 68 años (por primera vez aparece en el presente siglo la edad de 68 años en el ámbito de las pensiones, esta edad compara con los 65 en vigor). En el pasado siglo el Estatuto de los Trabajadores de 1980 indicaba como edad máxima para trabajar 69 años como edad suelo para poder aplicar clausulas convencionales de jubilación forzosa en los convenios. Paradójicamente siguen en vigor las cláusulas que surgieron al amparo del RD 28/2018 que volvió a introducir la jubilación forzosa en la regulación de nuestro país previo acuerdo de los interlocutores sociales. Somos una excepción en Europa al aplicar este Real Decreto a partir de la edad ordinaria de jubilación.

En conclusión, confusión: no sabemos cuándo entrará efectivamente en vigor esta medida acordada de los 68 años y, por consiguiente, cuándo se producirán los necesarios cambios de comportamiento en empleados y empleadores.

Por el contrario, la Sociedad Civil y los expertos volvieron a poner de manifiesto en el Informe de la Fundación FIDE sobre Pensiones del pasado 21 de junio que: “la jubilación debe ser siempre un derecho de los trabajadores y no una obligación”.

Otros asuntos de transcendencia, pendientes de acordar para el próximo curso por los interlocutores sociales son: el acuerdo para el nuevo sistema de cotización a la Seguridad Social de los trabajadores autónomos por sus ingresos reales y el impulso a la previsión social complementaria, asignatura que nunca se ha abordado en nuestro sistema de pensiones.

La solidaridad intergeneracional es casi imposible sin empleo, empleo para todos especialmente jóvenes y menos jóvenes.

Es frecuente escuchar que España no es un país para jóvenes y también lo opuesto España no es un país para viejos, lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿para quién es entonces España?

Estas afirmaciones nos llevan a reflexionar sobre la actual estructura del tejido productivo español, la gestión empresarial y las carencias de capital humano, todos estos factores ya en necesaria transición hacia una economía del conocimiento.

Así pues, sería imperdonable como país no aprovechar la oportunidad de una correcta aplicación de los fondos europeos para generar futuro y no consumir el presente, creando nuevos empleos, empleos basados en la tecnología y el conocimiento que siempre acabarán creando más empleos de los que destruyen y también de mayor calidad.

Generemos empatía intergeneracional. Las generaciones más jóvenes y las menos jóvenes no son sustitutivas sino complementarias. Cada generación debe aportar lo mejor de sí misma y trabajar juntas en equipos diversos en el mencionado marco de la economía del conocimiento.

Afortunadamente vivimos más años y años más saludables, y en esta sociedad más longeva debemos ser conscientes de la necesidad de compartir con las generaciones futuras ese regalo de la longevidad y por ello permanecer más años activos.

Será necesario generar un marco normativo abierto y flexible, en el que todos ganen, para que cada día un mayor número de personas quieran y puedan permanecer activos más tiempo y generando riqueza para toda la sociedad.

Tenemos que interiorizar que si vivimos más años tendremos que trabajar y cotizar por más tiempo, pues en caso contrario nuestras pensiones individuales serán menores y para el resto de nuestra vida.

Debemos exigir a nuestras instituciones políticas y sociales que estén a la altura de este enorme desafío colectivo que representa aunar el compromiso de todas las generaciones, nos va mucho en ello.

Solo una sociedad optimista respecto a su futuro puede sobrevivir unida.

El sistema de pensiones no nos puede fallar.

Tomás Arrieta

Profesor Honorífico de la UCM y Presidente de la Fundación AGE. Miembro del Consejo Académico de Fide.

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