CONVERSACIÓN | Una visión optimista de la democracia, con Mariano Bacigalupo y Daniel Innerarity

La conversación se articula en torno a la reciente obra de Daniel Innerarity sobre el futuro de la democracia y permite abordar algunas de las grandes preguntas que atraviesan hoy el debate político e institucional

Con motivo del Cierre del Curso Académico de Fide 2025-2026, Fide comparte la conversación “Una visión optimista de la democracia”, protagonizada por Mariano Bacigalupo, catedrático acreditado de Derecho administrativo de la UNED, y Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política e investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco.

La conversación se articula en torno a la reciente obra de Daniel Innerarity sobre el futuro de la democracia y permite abordar algunas de las grandes preguntas que atraviesan hoy el debate político e institucional: si la democracia será capaz de sobrevivir a sus propias tensiones, cómo se relaciona con el tiempo futuro y qué tipo de expectativa colectiva puede seguir ofreciendo en sociedades marcadas por la incertidumbre, la complejidad y la desconfianza.

Desde el inicio, Innerarity plantea una idea central: la democracia, tal y como la practicamos y la pensamos, no siempre está a la altura de la complejidad del mundo contemporáneo. Muchos de los conceptos básicos de la política fueron concebidos en contextos históricos muy distintos, mientras que las sociedades actuales se enfrentan a desafíos tecnológicos, ambientales, económicos e institucionales de una intensidad y velocidad inéditas. A ello se suma una tendencia persistente a simplificar problemas que, por su propia naturaleza, exigen diagnósticos más finos.

El diálogo se desarrolla a partir de tres dimensiones del futuro. La primera tiene que ver con la propia supervivencia de la democracia: si este régimen político tiene futuro o si puede vaciarse desde dentro mediante sus propios mecanismos. La segunda se refiere a la relación de la democracia con el tiempo y, en particular, con los problemas de largo plazo, como la sostenibilidad o los desarrollos exponenciales que las sociedades tienen dificultades para anticipar y gobernar. La tercera apunta al futuro dentro de la democracia: qué proyecto, expectativa o promesa puede ofrecer para seguir siendo un régimen atractivo, no solo para vivir el presente, sino también para imaginar lo que viene.

La conversación propone un optimismo prudente. Innerarity se define como un optimista por obligación, no tanto en términos de estado de ánimo, sino como una actitud intelectual y moral. Su confianza no descansa en líderes providenciales ni en una visión idealizada de la política, sino en la capacidad de construir instituciones resistentes. Una buena institución, sostiene, es aquella que puede soportar el paso de malos gobernantes y no obliga a la ciudadanía a esperar soluciones excepcionales de personalidades extraordinarias.

En este punto, la idea de resiliencia institucional ocupa un lugar central. La democracia no debe depender excesivamente del estado de ánimo colectivo ni de la calidad coyuntural de quienes ocupan el poder. Debe apoyarse en reglas, procedimientos, protocolos y mecanismos de resolución de conflictos suficientemente sólidos. Ese diseño institucional es lo que permite que el sistema resista tensiones, errores, abusos o ciclos políticos adversos sin romperse ni renunciar a sus principios básicos.

Uno de los aspectos más interesantes del diálogo es la manera en que se matiza el pesimismo democrático contemporáneo. Innerarity advierte de que la democracia produce a menudo un “engaño óptico”: es un régimen donde cualquier gobierno puede caer, donde el conflicto es visible y donde el discurso público suele ser negativo porque la oposición tiene precisamente la función de controlar y criticar al poder. Esa exposición permanente de la discrepancia puede generar la impresión de una crisis terminal, cuando en ocasiones expresa también una madurez democrática creciente.

Desde esta perspectiva, la desafección ciudadana no debe interpretarse automáticamente como decadencia. El hecho de que los ciudadanos sean cada vez más exigentes con el poder puede entenderse también como un signo de madurez democrática. La política debe tomarse en serio, pero no siempre al pie de la letra. Sus rituales, exageraciones y conflictos forman parte de un sistema que, aunque necesite moderación y mejora, dispone de mecanismos para procesar el desacuerdo.

La conversación aborda también los elementos que configuran el diagnóstico actual: la polarización, la crispación del debate público, el entorno digital, el poder de las plataformas tecnológicas, la transformación de la esfera pública y el auge de posiciones iliberales o extremas. Innerarity evita jerarquizar de forma simple estos factores y propone analizarlos desde su relación con el futuro: cómo afectan a la supervivencia de la democracia, a su capacidad para gestionar problemas de largo plazo y a su aptitud para generar expectativas compartidas.

Un bloque especialmente relevante del diálogo se centra en la relación entre política, Derecho y técnica. Mariano Bacigalupo introduce la cuestión de la judicialización de la política, el desplazamiento de determinados debates hacia instancias jurídicas o técnicas y la creación de espacios institucionales relativamente alejados de la responsabilidad política directa. Innerarity responde reivindicando la división de poderes como una gran conquista de la democracia moderna, pero advierte de que el reto actual ya no consiste solo en dividir el poder, sino en articularlo mejor.

Esta idea permite ir más allá de las lecturas simplificadoras. No basta con defender un poder frente a otro ni con convertir cada tensión institucional en una lucha corporativa. En las democracias contemporáneas, los poderes públicos, los órganos independientes, los tribunales, los parlamentos, los gobiernos y las instituciones técnicas interactúan de formas cada vez más complejas. La cuestión decisiva no es solo quién limita a quién, sino cómo se organiza un sistema institucional capaz de decidir, controlar, corregir y responder sin bloquearse.

La conversación plantea así una tesis importante: si la gran invención de los modernos fue la división del poder, la tarea pendiente de nuestro tiempo es la articulación de los poderes. En un mundo donde los Parlamentos no siempre ocupan el lugar central que imaginó la teoría clásica, donde los gobiernos concentran buena parte de la iniciativa y donde los tribunales tienen un papel creciente, se necesita una mirada más holística sobre el funcionamiento real del sistema político.

Hacia el final del diálogo, la reflexión se desplaza hacia las posibles respuestas. Innerarity evita ofrecer soluciones cerradas o recetas inmediatas. Frente al “solucionismo”, propone dedicar más esfuerzo a comprender cómo funcionan realmente las cosas. Muchas veces, advierte, se ofrecen soluciones a problemas que no han sido bien diagnosticados. De ahí la importancia de pensar mejor la realidad antes de intervenir sobre ella.

Esta llamada al buen diagnóstico resulta especialmente relevante en el contexto europeo. La Unión Europea, señala Innerarity, ha perdido tiempo en algunos ámbitos por no comprender con suficiente rapidez la magnitud de los cambios producidos en el escenario internacional. En una época marcada por fenómenos de irreversibilidad, la política democrática necesita distinguir qué puede corregirse, qué no volverá a ser como antes y qué nuevas tareas institucionales se abren.

La conversación concluye, en definitiva, con una defensa de la democracia como sistema abierto, resistente y perfectible. Su futuro no está garantizado, pero tampoco está escrito de antemano. Dependerá de la calidad de sus instituciones, de la capacidad para articular sus poderes, de la inteligencia con la que diagnostique sus problemas y de su habilidad para no clausurar su propia capacidad de decidir en el futuro.

Esta conversación forma parte del conjunto de contenidos del Cierre del Curso Académico de Fide 2025-2026, junto con sesiones dedicadas a los retos regulatorios de la Unión Europea, la política de competencia, la inteligencia artificial, la financiación de la defensa y la reflexión sobre la política española tras casi cincuenta años de democracia constitucional.

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