
El pasado 16 de junio, la Fundación Fide celebró la sesión titulada «Geopolítica actual: impacto en la economía y en las reestructuraciones empresariales».
La sesión fue moderada por Sergio Vélez Álvarez, responsable de FTI Consulting en España y de Interim Management / CRO en EMEA, y contó con las intervenciones de Javier Pérez de Leza, asesor y consejero independiente con amplia experiencia en estrategia, finanzas, operaciones y reestructuración empresarial, y de Konstantin Sajonia-Coburgo, Operating Executive y Senior Adviser de Apollo para España, consejero de diversas compañías y con una dilatada trayectoria en banca de inversión.
Durante la sesión se analizó el modo en que el actual contexto geopolítico está impactando en la economía real, en las decisiones de inversión, en la valoración de compañías, en la financiación empresarial y, en última instancia, en los procesos de reestructuración. Desde el inicio se subrayó que la geopolítica ha dejado de ser un mero contexto externo para convertirse en una variable de gestión diaria, perceptible en todas las capas de la actividad económica y empresarial.

La geopolítica como variable de gestión empresarial
La sesión comenzó poniendo de manifiesto que las crisis recientes —la pandemia del Covid-19, la crisis inflacionaria posterior, las tensiones energéticas, la guerra en Ucrania y los conflictos en Oriente Medio— han alterado la forma en que empresas, inversores y consumidores valoran el riesgo. Ya no se trata de acontecimientos excepcionales que irrumpen puntualmente en la actividad económica, sino de factores que de forma recurrente condicionan de manera estructural la toma de decisiones.
En este sentido, se destacó que el impacto geopolítico no debe medirse únicamente por su efecto inmediato en los grandes agregados macroeconómicos, sino también por su capacidad de erosionar la confianza, modificar patrones de consumo, alterar cadenas de suministro y tensionar los márgenes empresariales. No es lo mismo afrontar una primera crisis que recibir una nueva perturbación sobre una economía en la que los consumidores han sido afectados previamente y cuya tolerancia o resistencia se ha visto fortalecida.
Impacto en inflación, consumo y márgenes empresariales
A continuación, los ponentes analizaron los efectos macroeconómicos derivados del contexto internacional. Se indicó que determinados factores, como el peso creciente de las energías alternativas, han permitido amortiguar parte de los impactos externos que la economía española ha venido experimentando. No obstante, se advirtió de que las perturbaciones geopolíticas pueden terminar trasladándose de forma indirecta a la economía real, especialmente a través de los precios energéticos y de los costes logísticos.
Se explicó que el incremento del precio del combustible tiene un efecto casi inmediato en determinados sectores, como el transporte (i.e. navieras, aerolíneas, distribución comercial). Sin embargo, la transmisión de esos mayores costes al consumidor final no siempre se produce de manera automática. Mientras que en el ámbito business-to-business (B2B) resulta más sencillo pactar recargos o cláusulas de revisión vinculadas al precio de la energía, en el ámbito business-to-consumer (B2C) las compañías suelen mostrarse más prudentes a la hora de trasladar costes, por razones comerciales, reputacionales o de elasticidad de la demanda.
En este contexto, se puso de relieve la existencia de una suerte de inflación encubierta: los costes ya han impactado en las empresas, pero todavía no se han trasladado plenamente al consumidor final. La subida del combustible puede advertirse de forma inmediata en las gasolineras, pero el encarecimiento de la cesta de la compra o de otros bienes y servicios suele aflorar con cierto retraso, a medida que los aumentos de costes se transmiten a lo largo de la cadena de valor.
Los ponentes destacaron, asimismo, que el consumidor se encuentra en una posición cada vez más defensiva. Aunque algunos incrementos de gasto puedan parecer moderados en términos absolutos, su impacto psicológico es relevante en un entorno de incertidumbre acumulada. El consumidor ha asumido que pueden producirse nuevas disrupciones y, en consecuencia, tiende a adoptar decisiones más prudentes.
Este fenómeno afecta de forma directa a compañías de gran consumo, alimentación, bebidas y retail tradicional, que se enfrentan no solo a un problema coyuntural de costes, sino también a cambios más profundos en las preferencias del consumidor.
Valoración de empresas, inversión y sectores expuestos
La sesión abordó posteriormente el impacto de la incertidumbre geopolítica en las decisiones de inversión y en las operaciones de adquisición de compañías. Se recordó que la valoración de una empresa depende, en esencia, de la estimación de sus flujos de caja futuros y de la tasa de descuento aplicada a dichos flujos. En un entorno de volatilidad, ambos elementos se ven afectados.
Por un lado, resulta más difícil proyectar ingresos, costes, márgenes y necesidades de circulante. Por otro, la percepción de mayor riesgo y la expectativa de tipos de interés más elevados incrementan la tasa de descuento, reduciendo el valor presente de los flujos esperados. Como consecuencia, se amplía la distancia entre las expectativas del vendedor y las del comprador, lo que puede retrasar o paralizar determinadas operaciones.
No obstante, también se indicó que la existencia de incertidumbre no implica necesariamente la paralización del mercado. Hay compradores dispuestos a asumir riesgo, pero la valoración se vuelve más compleja y las operaciones exigen un análisis más riguroso de escenarios, sensibilidad de márgenes y resiliencia de caja.
Financiación empresarial y reestructuraciones
Otro de los bloques centrales de la sesión fue el relativo a la financiación empresarial. Se recordó que en España la financiación sigue siendo mayoritariamente bancaria, a diferencia de otros mercados, como el estadounidense, donde los mercados de capitales y los fondos de deuda tienen un mayor protagonismo.
Esta estructura condiciona la respuesta de las empresas ante situaciones de tensión. La banca española ha mantenido tradicionalmente una aproximación prudente al riesgo y ha mostrado preferencia por financiaciones respaldadas por activos tangibles, especialmente inmobiliarios. Ello plantea dificultades para compañías cuyo valor reside fundamentalmente en activos intangibles, tecnología, software, propiedad intelectual o capital humano.
En este contexto, se analizó el papel de los fondos de deuda y del direct lending como alternativa de financiación, especialmente en operaciones a medio y largo plazo en las que la banca puede tener limitaciones regulatorias o de apetito de riesgo. Sin embargo, también se advirtió de que estos instrumentos no están exentos de tensiones. En determinados momentos de incertidumbre, la presión de los inversores por retirar fondos puede generar problemas de liquidez en los propios vehículos, incluso cuando el activo subyacente no se haya deteriorado de manera equivalente.
Desde la perspectiva de las reestructuraciones empresariales, los ponentes destacaron que no toda perturbación de costes o de márgenes conduce necesariamente a una situación de insolvencia. Sin embargo, el problema aparece cuando las tensiones geopolíticas y económicas se proyectan sobre empresas ya altamente endeudadas o con márgenes estrechos. En esos casos, una subida de costes, un retraso en la cadena de suministro, una caída de la demanda o una dificultad para repercutir precios pueden convertirse rápidamente en una crisis de caja.
El papel del consejo de administración
La sesión abordó igualmente el papel que debe desempeñar el consejo de administración ante un entorno marcado por la incertidumbre. Se planteó si los consejeros deben adoptar una actitud especialmente conservadora o, si por el contrario, deben permitir que la compañía continúe desarrollando su actividad ordinaria sin sobrerreaccionar ante cada nuevo shock.
Los ponentes coincidieron en que un cierto conservadurismo financiero resulta aconsejable, siendo completamente lógico afirmar que las crisis se afrontan mejor con menor endeudamiento, mayor liquidez y capacidad de maniobra. Sin embargo, se advirtió también de que un exceso de prudencia puede llevar a perder oportunidades de crecimiento, inversión o consolidación sectorial.
La diligencia exigible a los administradores no consiste, por tanto, en evitar todo riesgo, sino en identificarlo.
Conclusiones
Los ponentes concluyeron que la geopolítica se ha consolidado como una variable estructural de la gestión empresarial. Su impacto no se limita a los mercados financieros o a los grandes indicadores macroeconómicos, sino que afecta directamente a precios, costes, márgenes, consumo, inversión, financiación y decisiones estratégicas.
La inflación puede no manifestarse de forma inmediata en todos los precios finales, pero ya incide en las cuentas de resultados y en la capacidad de inversión de muchas compañías.
Desde la perspectiva de las reestructuraciones, la clave reside en distinguir entre tensiones operativas coyunturales y verdaderos problemas de liquidez o solvencia. Las empresas con estructuras de deuda sostenibles, liquidez suficiente, proveedores diversificados y capacidad de adaptación estarán mejor preparadas para afrontar nuevos shocks.
Por último, se subrayó que la anticipación es el principal instrumento de protección. En un entorno en el que la incertidumbre geopolítica se ha convertido en parte ordinaria de la gestión empresarial, la resiliencia financiera, la disciplina en la caja y la capacidad de reacción del órgano de administración resultan determinantes para preservar la viabilidad de las compañías.
Resumen elaborado para Fundación Fide por Álvaro Martín García, Junior Lawyer en Deloitte Abogados.





