
Muy interesante la intervención de Sarah Breeden, del Banco de Inglaterra, sobre la regulación de las stablecoins.
Entre sus propuestas, destaca una muy positiva: permitir que los emisores de stablecoins puedan acceder al dinero digital emitido por el Banco Central (las libras digitales o CBDCs).
En algún momento, todos deberíamos poder usar el dinero público digital, igual que hoy usamos el dinero público físico.
Actualmente, solo los bancos pueden utilizar el dinero digital del Banco Central.
Cuando ciudadanos y empresas también puedan hacerlo, desaparecerá ese privilegio bancario y se avanzará hacia un campo de juego más equilibrado en los mercados de pagos y de financiación.
Sin embargo, hay otro anuncio que merece reflexión:
“The Bank is considering putting in place a liquidity facility to help backstop solvent systemic stablecoin issuers’ ability to monetise those assets if needed and so to support meeting redemption requests.”
La idea es relevante —porque reconoce la posible función sistémica de algunas stablecoins—, pero también plantea dudas sobre el papel del Estado en un sistema liberalizado.
Si el Estado crea una línea de liquidez pública para respaldar activos privados con riesgo, volveríamos a reproducir los mismos privilegios y protecciones que hoy disfrutan los bancos.
En el futuro, cuando todos los ciudadanos y empresas puedan acceder directamente a la libra digital (CBDC) —que, como la libra física, es un activo sin riesgo—, no tendrá sentido ofrecer esas facilidades a emisores privados.
La nivelación del campo de juego entre depósitos bancarios, stablecoins y otras formas de dinero digital privado no debe hacerse extendiendo los privilegios bancarios, sino eliminándolos para todos, permitiendo que la competencia impulse la innovación.
En definitiva, deben ser los usuarios, y no el Estado, quienes elijan qué instrumentos de pago o de ahorro prefieren usar.



