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¿Qué posibilidades hay de que el conflicto entre China y Taiwán siga el recorrido de la guerra rusa en Ucrania?

"La República de China considera a Taiwán como una parte inseparable de la nación, donde Taiwán se ha convertido en una bisagra estratégica entre los mares de China Oriental y Meridional."

En el siglo XXI, para sorpresa de muchos, se ha producido un recrudecimiento de los conflictos armados entre países desarrollados que no se producía desde la Segunda Guerra Mundial, en particular la invasión rusa de Ucrania. Recordemos la situación de Taiwán:

La reclamación territorial de China sobre la isla de Taiwán se remonta a la guerra civil china de los años 40, cuando las fuerzas comunistas de Mao Zedong derrotaron a las fuerzas nacionalistas de Chiang Kai Shek. El resto de las fuerzas derrotadas se retiraron a la isla de Taiwán, donde formaron un país independiente con el fuerte apoyo de Estados Unidos el 10 de diciembre de 1949. La evolución política de Taiwán ha avanzado desde los estrictos principios de su fundador hacia un sistema democrático con elecciones periódicas que lo han convertido en un país moderno y desarrollado. Ahora Taiwán domina el mercado de la fundición o el de la fabricación de semiconductores en el mundo, elementos vitales para las nuevas tecnologías.

Si nos fijamos en Rusia, las causas argumentadas por el Kremlin para la invasión de Ucrania (construcciones artificiales de «nazismo» aparte) radicaron en el distanciamiento del gobierno ucraniano con Rusia, cuando ésta trató de condicionar los precios del gas, acercando al gobierno ucraniano a Occidente – o viceversa. Tras el conflicto híbrido en el Donbás ucraniano en 2014, en 2019, el Parlamento ucraniano realizó las modificaciones legislativas oportunas para introducir en su constitución el objetivo de entrar en la OTAN y en la U.E.

Del mismo modo, Taiwán adoptó medidas legislativas y económicas destinadas a cerrar filas con Estados Unidos sin tener en cuenta las limitaciones del Marco Económico Indo-Pacífico. Este enfoque es crítico porque sólo 14 países reconocen oficialmente al gobierno de Taiwán. Además, hay que añadir que el presidente estadounidense Biden ha venido aumentando la venta de armas a la isla, lo que ha creado más susceptibilidades en el gobierno chino desde 2004. Sería en 2005 cuando China promulgó la llamada ley antisecesión, que establece el derecho de China a utilizar «medidas no pacíficas» si Taiwán adopta cualquier medio para separarse de la China continental. Sin embargo, los comentarios de Pekín siguen comprometidos con la anexión de Taiwán por parte de China para 2049 y de que «lo hará de forma pacífica».

En 2016, Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán, cuyo partido opta por la independencia de China, fue elegida. Desde esa fecha, las violaciones del espacio aéreo taiwanés han sido numerosas por parte de la aviación china. El pasado mes de julio, en las conversaciones telefónicas entre el presidente Biden y Xi Jinping, este último no admitió las nuevas interpretaciones históricas del Tratado de Shimonoseki, que ponen en duda que en 1895 el control de Taiwán hubiera revertido a China tras la primera guerra chino-japonesa.

Podemos ver que hay tanto analogías como diferencias en los casos chino y ruso

Así que podemos ver que hay tanto analogías como diferencias en los casos chino y ruso: Entre las similitudes, los países «agresores» son regímenes autoritarios con poca solvencia democrática. Por otro lado, los estados víctimas son países «democráticos» con un peso específico en la economía mundial; por lo tanto, además de las cuestiones ancestrales, como en cualquier guerra, el motivo económico es vital aquí. (Nota: Antes de la guerra, etiquetar a Ucrania como «democracia» no deja de ser un ejercicio osado, dado el magnífico poder manipulador de las oligarquías, cambiando de bando en función de intereses, o el peso de la religión en una suerte de fatalismo catalizador muy conveniente; pero lo simplifico en exceso aquí para facilitar la lectura).

De cualquier modo, China y Rusia tienen una política expansionista hacia su entorno inmediato, mientras que Ucrania y Taiwán prefieren moverse en la órbita «occidental». Los ejércitos ruso y chino son autosuficientes, a diferencia de los ucranianos y taiwaneses, que dependen de la ayuda exterior. Sin embargo, esta supuesta autosuficiencia rusa está ahora expuesta y gravemente comprometida, algo de lo que Pekín está tomando buena nota.

Una (lejana) victoria rusa supondría un elemento de contención, de crisis geopolítica y de guerra económica con Occidente para las próximas décadas, que daría a Moscú una especie de estatus de «paria» en la escena internacional. Por otro lado, la República de China considera a Taiwán como una parte inseparable de la nación, donde Taiwán se ha convertido en una bisagra estratégica entre los mares de China Oriental y Meridional. Esta reivindicación es tan natural para Pekín como el Caribe y el Golfo de México para EE.UU. Pero, además, si estas reivindicaciones se materializaran, darían a China una capacidad dominante, algo que EE.UU. teme y que Washington nunca tolerará.

Rusia ha invadido Ucrania principalmente por tierra, y la insularidad de Taiwán determinaría una invasión marítima. Es decir, los puntos de partida de una hipotética carga china requerirían el uso de medios más costosos que los empleados por Rusia en Ucrania.

Es interesante también que en los ejercicios militares previos a la invasión de Ucrania, entre enero y abril de 2021, Rusia comenzó a transferir tropas militares a las regiones ucranianas pro-rusas, al tiempo que financiaba a grupos pro-rusos que actuarían como quinta columna. Por su parte, China ha realizado simulacros militares en seis zonas diferentes alrededor de la isla y ha invadido sus aguas territoriales en tres. Estos ejercicios incluyeron fuego real y el uso de misiles, cinco de los cuales impactaron en aguas territoriales japonesas. Hay que tener en cuenta que Taiwán puede cerrar los flujos comerciales a los puertos chinos, y que desde hace casi una década, Taiwán está mejorando sus defensas contra el bloqueo y la invasión chinos. Todo esto erosiona la posible ventaja china, y los recientes ejercicios pretendían demostrar las capacidades chinas (aunque como Moscú aprendió por las malas, que entrenamientos no es combatir).

También cabe mencionar el elemento desencadenante de la guerra. En el caso de Rusia, el pasado 19 de enero, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, visitó Ucrania para confirmar su apoyo al gobierno ucraniano y posteriormente a Berlín para obtener lo mismo de los gobiernos de Francia y Alemania. Días más tarde, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, visitó Polonia, el principal apoyo a sus aspiraciones de ingresar en la OTAN y en la U.E. Paralelamente, Gran Bretaña envió misiles antitanque al gobierno ucraniano, lo que el gobierno ruso interpretó como una maniobra tácita para recuperar el Donbás del control de las milicias pro-rusas. La reacción rusa no se hizo esperar y programó unas maniobras militares en la frontera entre Bielorrusia y Ucrania el 20 de febrero, en las que participaron unos 100.000 soldados rusos, como paso inicial para la invasión. Luego, en el caso de Taiwán, la visita de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, provocó las maniobras militares chinas.

Estas aparentes similitudes entre los dos casos tienen también incoherencias esenciales: Rusia persigue sus imperativos geopolíticos a partir de un sentimiento de supuestos agravios y resentimiento histórico hacia Occidente, lo que hunde a los dirigentes del país en la oscuridad (de todos modos, también hay numerosos elementos geopolíticos detrás de la escena). Pekín no es Moscú: En el Partido Comunista Chino, la figura capital, Xi Jinping, está rodeada de un correlativo equilibrio de poderes que integra tanto a los elementos de línea dura como a los miembros más moderados. Sin embargo, Putin aparece aislado, temeroso, receloso de lealtades y traiciones, rodeado artificialmente por una guardia radical fabricada a lo largo de décadas.  En China, incluso los partidarios de la línea dura en Pekín, saben que la economía del país depende en gran medida de las exportaciones, siendo Estados Unidos su principal cliente en un momento en que el sistema financiero chino está sometido a una intensa presión.

Por lo tanto, podemos especular que si el gobierno estadounidense no muestra un mayor apoyo a la independencia de Taiwán, China adoptará una actitud de espera. Si, por el contrario, Washington determina algunas medidas que podrían interpretarse como un estímulo hacia la independencia de Taiwán, no podemos excluir que el Partido Comunista Chino pueda emplear alguna forma de coerción e incluso el uso de la fuerza armada. En este momento, Estados Unidos tiene la última palabra en medio de una tensa calma. En al menos dos ocasiones, el presidente Biden aseguró que, en caso de ser necesario, defendería a Taiwán con una posible intervención militar; y no son palabras vacías, ya que el Departamento de Defensa estadounidense lleva tiempo preparándose para esta eventualidad. Lo cierto es que estas declaraciones han preocupado al presidente chino, considerando que en su próximo congreso pueden aumentar las posiciones que exigen una preparación exhaustiva para una intervención armada en Taiwán, una vez que se analicen debidamente las tibias reacciones internacionales en el caso de Ucrania.

El Partido Comunista Chino sabe que la planificación es importante, pero la adaptabilidad es esencial. Putin parece no estar muy familiarizado con la antigua literatura china, pero un proverbio chino afirma que «un momento de paciencia puede evitar un gran desastre y un momento de impaciencia puede arruinar toda una vida».

Jose Parejo

Analisis Geopolítico e Inteligencia.

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