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La Revolución del Dinero Digital

"Estamos en el inicio de una profunda transformación del actual sistema de dinero, servicios de pagos, créditos y otras actividades financieras. "
Sevilla Summit

Gracias, presidente, por invitarme a participar en esta sesión que, si no me equivoco, es la primera que se hace en el Congreso sobre la revolución del dinero digital que ha explosionado en todo el mundo.

La limitación de tiempo me deja trasmitirles solo una idea: estamos en el inicio de una profunda transformación del actual sistema de dinero, servicios de pagos, créditos y otras actividades financieras. Será un cambio estructural de gran importancia con efectos incluso más positivos que las reformas económicas que se han acometido en los últimos 70 años

En efecto, después de la Segunda guerra mundial, todos los países del mundo y con diferentes ritmos e ideologías políticas, empezaron a aprobar reformas estructurales para introducir competencia en las actividades económicas. Se comenzó con la liberalización del comercio internacional y se continuó liberalizando muchos sectores como los mercados de capitales, las telecomunicaciones, los transportes, etc., y a finales del siglo pasado se introdujo el libre mercado en la producción de bienes y servicios en China y otros países excomunistas. Todas estas reformas estructurales han tenido unos efectos muy positivos en los ingresos y el bienestar de todos los habitantes del mundo, aunque con algunos problemas como los aumentos de las desigualdades que sabemos que tenemos que corregir.

Por el contrario, y por miedo a las crisis, el sector de las actividades bancarias ha caminado en el sentido contrario. Los Estados han ido aumentando las protecciones, privilegios y regulaciones hasta el punto de que hoy el sector bancario es, con toda seguridad, indiscutiblemente, el sector más protegido e intervenido por el Estado en todas las economías.

Y. mientras no existían alternativas a los depósitos bancarios, todas esas intervenciones y protecciones han sido – y son- absolutamente necesarias porque, si no existieran, estaríamos sufriendo constantes crisis bancarias con sus catastróficas consecuencias además de tener que utilizar el dinero de los contribuyentes para salvar entidades de depósitos.

Pero han surgido alternativas a los depósitos bancarios. Han surgido propuestas de dinero digital privado como el Bitcoin y otros cryptoactivos, o propuestas de dinero digital público como son las CBDCs, o las llamadas monedas estables, etc. propuestas que, en principio, permitirían introducir competencia en los servicios de pagos y otras actividades bancarias que hoy son monopolizadas por los bancos.

En Europa el debate sobre estas propuestas todavía no interesa mucho a la opinión pública ni a sus políticos. Hay un debate intenso y extenso, pero se mantiene a nivel tecnocrático, entre funcionarios y expertos. Pero en los Estados Unidos el debate sobre los criptoactivos y el dinero digital público es un asunto que ha entrado ya de lleno en el Parlamento. El año pasado se presentaron en el Capitolio más de treinta propuestas de ley sobre el dinero y los activos digitales.

En febrero, el presidente Biden ordenó a todos los organismos de la administración norteamericana relacionados con el dinero, las actividades bancarias y los mercados de capitales, que le enviaran, antes de que acabe el año, unos informes sobre la regulación más apropiada de este importante cambio estructural. Y les requirió que otorgaran la máxima urgencia a los trabajos sobre el diseño y la implantación de un dinero público digital de los Estados Unidos (esto es, un CBDC, o dólar digital).

En mi opinión se deben analizar todas las propuestas. Pertenezco al grupo de economistas que piensan que es esencial que el dinero digital no sea un activo con riesgo, que es necesario que el dinero digital sea un activo público y seguro y que así se podrían abrir a la competencia los servicios de pago y otras actividades bancarias. Pero no todo el mundo piensa así. Ni aquí ni en Estados Unidos, donde algunos de los proyectos de ley que he mencionado tratan de impedir que el gobierno y la Fed introduzcan un dinero público digital, un dólar digital, y así favorecer el uso de criptoactivos. En Europa también hay quienes proponen limitar o perjudicar el uso del Euro digital, pero con el objetivo contrario, para que los ciudadanos no puedan dejar de usar los depósitos en bancos privados.

Antes de decidir hay que escuchar a todos. Escuchar a los defensores de los criptoactivos, aunque somos muchos los que creemos que ni son dinero ni lo van a ser nunca. También hay que escuchar a los defensores de las Stablecoins algorítmicas cómo las que acaban fracasar la semana pasada, o las Stablecoins respaldadas por reservas, porque también tienen riesgos. Y desde luego hay que escuchar a los que proponen Stablecoins respaldadas por reservas en el Banco Central ya que podrían ser un instrumento valioso para la reforma del dinero.

Hay que escuchar a los partidarios de que los ciudadanos puedan disponer de un Euro Digital sin limitaciones y analizar aspectos de su diseño muy importantes como la privacidad y la protección de datos, la persecución del blanqueo y la financiación del terrorismo, la necesidad de que los sistemas sean interoperables y eviten los efectos de cierre de las de las grandes redes, la aplicación específica del Antitrust a las grandes plataformas, etc. Y por supuesto, hay que escuchar a los que quieren mantener el sistema actual basado en los depósitos en bancos privados.

Hay que estar atentos porque, aunque se supone que quienes debaten están buscando una reforma que beneficie a todos, hay también una guerra de intereses privados entre quienes quieren beneficiarse de prestar mejores servicios y a más personas con las nuevas tecnologías y aquellos que hacen lo posible para que este cambio se retrase o se imponga todo género de dificultades a las nuevas iniciativas.

Pero tampoco hay que preocuparse demasiado. La experiencia de las reformas estructurales  que se han hecho en otros sectores nos dice que esos intereses podrán dificultar o retrasar los cambios pero, al final, el pragmatismo se impondrá, y todos los países acabarán adoptando un sistema de dinero digital más estable, sin crisis, sin necesidad de privilegios ni monopolios y en el que los servicios de pagos y otros servicios financieros se prestarán en libre competencia y por tanto conseguiremos los aumentos de productividad, reducción de costes, inclusión financiera y , sobre todo, continua innovación, que ahora no son posibles.

Muchas gracias.

(Intervención en la Comisión de Economía el 24 de mayo de 2022 con motivo de la presentación de la Cumbre sobre Dinero Digital que se celebrará en Sevilla los 6 y 7 de julio de este año.)

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Sobre el autor

Miguel A. Fernández Ordóñez

Miguel A. Fernández Ordóñez

Economista del Estado. Ex Gobernador del Banco de España y miembro del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (ECB). Actualmente imparte Seminarios sobre Política Monetaria y Regulación Financiera en la IEUniversity.

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